CHAVES NOGALES: A PECHO DESCUBIERTO

Resultado de imagen de imagen de Chaves Nogales

Manuel Chaves Nogales / Foto: Archivo de Pilar Chaves Jones

Por Jairo Máximo

MADRID – España ― (Blog do Pícaro) ― El periodista y escritor Manuel Chaves Nogales es autor de una inspiradora obra literaria que abarca espléndidos artículos periodísticos, reportajes, biografías, cuentos y novelas.

“Mi técnica ―la periodística― no es una técnica científica. Andar y contar es mi oficio”.

Según los especialistas algunos de los mejores libros del reporterismo español llevan su inconfundible firma. La lectura de uno conduce a otro y así sucesivamente.

Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897―Londres, 1944) utilizó la pluma como un cuchillo para contar los hechos tal como eran. Iba directo al grano sin subterfugios. Perteneció a una estirpe de periodistas que, en los años 30, viajaron a menudo por el extranjero, realizando reportajes y entrevistas.

Demócrata y republicano convencido, durante toda su vida ―profesional y personal― luchó por ser libre y mantenerse libre. ¡Y lo consiguió!

“Soy un pequeño burgués liberal ciudadano de una república democrática y parlamentaria”.

Hijo de madre pianista y padre periodista del diario sevillano El Liberal, desde muy joven empezó a ejercer el oficio de periodista, primero en Sevilla y después en Córdoba. En 1923 se trasladó a Madrid de entreguerras. Entre los años 1927 y 1937 saboreó el éxito, escribiendo reportajes para los principales periódicos de la época.

Resultado de imagen de imagen de Chaves Nogales

A partir de 1931 fue subdirector del diario Ahora (1930-1939), publicación afín a Azaña, de quien el periodista era un reconocido partidario. Manuel Azaña (1880-1940), político y escritor, fue presidente del Gobierno entre 1931 y 1933, y presidente de la Segunda República entre 1936 y 1939.

Chaves Nogales apoyaba la República sin dejarse tentar por las corrientes totalitarias que asolaban Europa. “Los totalitarismos son la puntilla de la República y la ignorancia su mortífero instrumento”, escribió proféticamente en 1934.

A LO HECHO, PECHO

Al estallar la Guerra Civil el 18 de julio 1936 se puso al servicio de la Segunda República, hasta que el Gobierno abandona definitivamente Madrid, y se instala en Valencia, momento en que presagiando la victoria de los fascistas franquistas, y la subsiguiente catástrofe por venir, en noviembre de ese mismo año decide exiliarse con su familia en París, sin haber renunciado nunca ni a sus convicciones democráticas ni a sus lealtades republicanas.

En la capital gala, escribió para un grupo numeroso de periódicos americanos de lengua española que publicaba sus crónicas “redactadas única y exclusivamente al servicio de la causa francesa”, afirmaba. Al mismo tiempo, diariamente, la Radio Francesa para España y América del Sur divulgaba sus comentarios de actualidad. Además, en París fundó y editó una publicación artesanal sobre la actualidad española dirigida a los exiliados republicanos en Francia.

Resultado de imagen de portadas de libros de chaves nogales

Resultado de imagen de imagen de Chaves Nogales

En 1940, tras saber que era “presa de caza” de los nazis, que estaban a las puertas de París, Chaves Nogales se trasladó a Burdeos y desde allí a Londres. En la capital inglesa fundó una agencia, escribió artículos para los periódicos de Latinoamérica y trabajó como periodista en la filas de los ejércitos aliados que luchaban en Europa contra la Alemania nazi.

“Pero la catástrofe de Francia, como la de España, no era la derrota definitiva. Era sólo una nueva etapa dolorosa de una lucha que no tiene patrias ni fronteras porque no es sino la lucha de la barbarie contra la civilización, de las fuerzas de destrucción contra el espíritu constructivo y el instinto de conservación de la humanidad, de la mentira contra la verdad…”, escribió en el prólogo del relato La agonía de Francia, publicado en Montevideo en 1941, y reeditado en España casi sesenta años después. Cuenta con lucidez como el país que había sido durante siglo y medio el faro de la democracia en el mundo se puso en junio de 1940 en manos del nazismo.

En 1944 con 47 años, Manuel Chaves Nogales falleció víctima de una peritonitis, en Londres, Reino Unido, donde cria malvas en una tumba desamparada. Dignificó una profesión presa del servilismo político. Es toda una referencia al buen hacer periodístico. Construyo una obra indecidible ―aquello que resulta imposible decidir si se trata de una cosa o de otra.

“Ambicioso, vacío, extravagante, la hora de Chaves Nogales pasó. Ni fue, ni ha sido ni volverá a ser nada”, escribió el deslucido periodista Francisco Casares en su libro Azaña y ellos: cincuenta semblanzas rojas (1938).

Con todo, con el paso del tiempo, Manuel Chaves Nogales sería considerado “un paradigma” del intelectual comprometido con su tiempo.

“Es uno de los grandes, el que supo disparar desde la distancia precisa”, considera el escritor y periodista valenciano Manuel Vicent.

Resultado de imagen de imagen de Chaves Nogales

Desterrado y olvidado por la derecha e izquierda española durante más de siete décadas, actualmente sus libros son reeditados con éxito, y sobre su legado se organizan charlas, coloquios y se publican diversos textos. La Diputación de Sevilla editó su obra periodística completa en dos tomos. En 2013 se estrenó el documental El hombre que estaba allí, basado en su figura. En Alcorcón, Madrid, está ubicado un colegio público de educación secundaria que lleva su nombre, y en la capital española se intenta, a duras penas, honrarle con una calle tras más de siete décadas de su muerte.

 

Resultado de imagen de imagen de Chaves Nogales

Cartel del documental El hombre que estaba allí, sobre el inclasificable Manuel Chaves Nogales.

LISTOS PARA LEER

Leer hoy la obra de Chaves Nogales ayuda a comprender la historia del siglo XX. Inolvidables son: La defensa de Madrid, reportaje publicado en 16 entregas en la prensa mexicana en 1938 y editado como libro en Sevilla en 2011; la biografía Juan Belmonte, matador de toros. Su vida y sus hazañas (1935); la novela El maestro Juan Martínez que estaba allí (1934) o el sorprendente reportaje Lo que ha quedado del imperio de los zares (1931), publicado originalmente ese mismo año en el periódico Ahora. Revela la vida dramática de los dos millones de personas que tuvieron que salir de Rusia tras la Revolución de 1917, una revolución que por aquellos años era defendida y admirada por la izquierda española.

Sus diversos reportajes, realizados a pecho descubierto, y editados posteriormente en libros, le llevaron a ser considerado como uno de los mejores periodistas del siglo XX. Son un antídoto para aquellos que anhelan “conquistar el cielo” a base de mentiras y manipulaciones. En los años treinta del siglo pasado Chaves Nogales ya denunciaba a cuatro vientos que el populismo mata.

“Es una ley histórica que todo pueblo vencido adopta fatalmente la forma de gobierno del vencedor”.

Resultado de imagen de portadas de libros de chaves nogales

En  A sangre y fuego – héroes, bestias y mártires de España  (1937), título de nueve emotivos y alucinantes relatos que él escribió sobre la Guerra Civil española (durante su exilio en Francia) es un manual que incide en la sin razón de las guerras. En España son muchos los que consideran que  esta obra es uno de los mejores libros que se han escrito jamás sobre la Guerra Civil española que ocurrió entre 1936 y 1939.

En el prólogo de la obra Chaves Nogales constató: “Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España. ¿Por dónde empezó el contagio? Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre celtíbero los absorbió ávidamente. (…) Es vano el intento de señalar los focos de contagio de la vieja fiebre cainita en este o aquel sector social, en esta o aquella zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España.”

LIDIANDO UN MATADOR DE TOROS

Imagen relacionada

 En Juan Belmonte, matador de toros: su vida y sus hazañas, considerada una de las mejores biografías jamás escritas en castellano, Chaves Nogales realiza una magnífica biografía de su paisano, el matador de toros Juan Belmonte García (Sevilla, 1892 – Utrera, 1962), que a principios del siglo XX brilló como nadie ―dentro y fuera― de los ruedos españoles, en una época en la cual la afición a los toros era trascendente y llegaba a los diversos extractos sociales, que profesaban una pasión febril por la tauromaquia.

La biografía de Juan Belmonte, el llamado Pasmo de Triana, está redactada en forma de autobiografía a partir de las numerosas conversaciones que el periodista, que no era amante de la lidia, mantuvo con el diestro. Narra la apasionante historia de aquél niño que nació pobre y marginado, pero que de mayor se convirtió en una celebridad  “fundador del toreo moderno”.

Tras saborear la gloria y a punto de cumplir 70 años, Juan Belmonte se suicidó de un disparo en su cortijo de Gómez Cardeña en 1962. A pesar de ser un suicida se le permitió ser enterrado en el cementerio de San Fernando de Sevilla. Según Chaves Nogales, “Belmonte tenía un marcado espíritu de superación y talante conciliador, inimaginable en un torero”.

 En el prólogo de la reedición editada en 2009 por la editorial catalana Libros del Asteroide, el poeta y escritor Felipe Benítez Reyes, escribe: “Con este libro sobre Juan Belmonte, Chaves Nogales dio una lección de literatura y una lección de periodismo: el periodismo que logra ascender al ámbito de la gran literatura”.

Concebida originalmente como un folletín, Juan Belmonte, matador de toros. Su vida y sus hazañas, apareció por primera vez por entregas en el semanario Estampa del 29 de junio al 14 de diciembre de 1935 en veinticinco magníficos capítulos.

Resultado de imagen de retrato de juan belmonte hecho por zuloaga

Juan Belmonte retratado en 1924 por Ignacio Zuloaga.

 PALABRAS DE TORERO

 “Tengo que insistir en mi convicción de que el toreo es fundamentalmente un ejercicio de orden espiritual y no una actividad meramente deportiva”.

 “Una tarde estaba yo toreando en Tablada junto a la orilla del río; había cruzado el cauce a nado y toreaba completamente desnudo. Desde la orilla de Triana, unas muchachas que volvían de trabajar en algún cortijo me saludaban a lo lejos agitando alegremente los brazos. Había conseguido apartar un becerro, y al sentirme contemplado a distancia por aquel grupo femenino me puse a torear con todo el estilo de que era capaz. En uno de los lances pasó el becerro tan cerca de mí, que me dio un puntazo con el pitón en la cara y me partió el labio. Rodé por el suelo. Ya estaba yo otra vez en pie y con la blusilla en las manos cuando llegó hasta mí el eco perdido del grito de terror que en la otra orilla dieron las mujeres al ver la cogida. La herida era pequeña; pero, como ocurre con todas las heridas en la cara, manaba sangre en abundancia. Me di cuenta de que el percance no era grave y dejé que la sangre me corriera por el cuerpo para seguir toreando. No quería quedar mal ante aquellas mujeres que desde la otra banda del río se entusiasmaban viendo aquel muchacho desnudo que lidiaba a solas a los toros. Pero cuando ellas me vieron con el cuerpo tinto en sangre se asustaron y se pusieron a dar unos gritos espantosos. Unas se tapaban la cara con las manos, otras avanzaban hasta el borde del agua llamándome con voces angustiadas, otras huían despavoridas. Llevaron a Triana una imagen pavorosa del aquel muchacho que toreaba solo, desnudo y sangrante en pleno campo de Tablada”.

“Siempre me han sublevado los abusos de poder”.

“El día que se torea crece más la barba. Es el miedo. (…) No hay que darle vueltas. Es el miedo. (…) Es un íntimo amigo mío. (…) El miedo no me ha abandonado nunca. Es siempre el mismo. Mi compañero inseparable. (…) El miedo que se pasa en las horas que preceden a la corrida es espantoso. (…)  Se cambia el tono de la voz, se adelgaza de hora en hora, se modifica el carácter y se le ocurren a uno las ideas más extraordinarias. Luego, cuando ya se está ante el toro, es distinto. El toro no deja tiempo para la introspección”.

Resultado de imagen de portadas de libros de chaves nogales

“Entonces, las corridas de toros tenían una resonancia y una trascendencia que hoy no tienen. (…) Era la época en que después de una buena faena se veía a la gente toreando por calles”.

“Si yo fuese ensayista en vez de ser torero, me atrevería a esbozar una teoría sexual del arte; por lo menos, del arte de torear”.

“Hoy, al cabo de miles de años, todos nos comemos al toro. La bestia está dominada y vencida. Y, naturalmente, el toro está en franca decadencia. Se ha logrado todo lo que se podía lograr. El toro no tiene hoy ningún interés. Es una pobre bestia vencida. (…) Subsiste la belleza de la fiesta, pero el elemento dramático, la emoción, la angustia sublime de la lucha salvaje se ha perdido. Y la fiesta está en decadencia”.

BAILANDO CON “LOS MARTÍNEZ”

Resultado de imagen de portadas de libros de chaves nogales

En El maestro Juan Martínez que estaba allí, Chaves Nogales realiza un conmovedor relato novelado de los pasos que el bailaor Juan Martínez (1896-1961) y su esposa Sole, bailaora, que se hacían llamar Los Martínez, realizaron para subsistir durante la convulsa revolución bolchevique en Rusia de principios del siglo XX.

La pareja artística, primero triunfó en los tablaos de la Cava Baja de Madrid; después en el París bohemio, donde aceptaron una invitación para realizar una gira a la enigmática Turquía. Jamás podrían imaginar las amargas experiencias que el destino les tenía reservado. La pareja embarcó en Marsella rumbo a Oriente el día 26 de junio de 1914. Cuarenta días antes de estallar la Gran Guerra (1914-1919).

Sin quererlo, Los Martínez, terminaron atrapados en tierras rusas donde primero la guerra, después la revolución bolchevique, les apretaban los talones. Fueron testigos forzosos de la violenta revolución bolchevique, que quería conquistar el cielo ―para ellos― y el inferno para ―el otro.

En el prólogo de la reedición editada en 2007 por la editorial Libros del Asteroide, el escritor y poeta Andrés Trapiello, escribe: “Chaves Nogales no quiso hacer una novela. El testimonio de Martínez, que seguía trabajando en París en lo suyo, el cabaret, le impresionó. Es un relato lineal, que tras una breve obertura, pasa a labios de Martínez. Podríamos considerar este libro sus memorias rusas. No hay en ellas recuerdos íntimos, ni estudios psicológicos, casi todo discurre por el nudo de los acontecimientos”.

En 1922 Los Martínez regresaron a España, y poco después, volvieron a instalarse definitivamente en París. Chaves Nogales publicó su historia primero por entregas en el semanario Estampa en 1934.

PALABRAS DE BAILAOR

Resultado de imagen de retrato del bailaor Juan Martínez

Retrato del bailaor burgalés Juan Martínez publicado en la revista Estampa a principios del siglo pasado.

“Ya ve usted. Yo soy de Burgos, Pues, a pesar de eso, estaba entre los musulmanes de Estambul como en mi casa. (…) A los pocos días de estar allí se declaró la guerra. Yo no me di cuenta de lo que era aquello hasta que los directores del teatro donde trabajábamos, que eran franceses, nos dijeron que no podían pagarnos, que cerraban y que se iban. Fuimos a ver al cónsul de España. Como les pasa siempre a nuestros cónsules, no pudo hacer nada. (…) Al principio la guerra no se notaba mucho, pero poco a poco todo fue cambiando. La gente tenía la cara cada vez más apretada, más dura. Ya no volvimos a ver caras anchas, abiertas, sonrientes, hasta muchos años después. Y, la verdad, creo que caras amables como las de antes de la guerra no se han vuelto a ver por las calles de Europa”.

“Yo nunca me he querido meter en política”.

“En Bucarest fuimos a parar al hotel Central, que estaba frente a Correos. Me presenté pidiendo trabajo en cabaret llamado Alhambra y debutamos a los cinco días. Gustamos mucho y nos sentimos felices. Había pan y paz. ¡Cuántas veces he visto después a los hombres hacerse matar, clamando por estas dos cosas: el pan y la paz!”.

“Aprendí entonces que no es verdad que las revoluciones se hagan con hambrientos. Cuando se tiene hambre no se es capaz de nada”.

“Los bolcheviques, buenos o malos, sostenían que los artistas de cabaret no teníamos derecho a la vida y deseaban que nos muriésemos cuanto antes”.

“Los rojos se impusieron por el terror desde el primer momento, implantando el comunismo de guerra con una ferocidad sin límites”.

“El viaje a Kiev fue terrible, porque el tren soviético iba lleno de militares, es decir, campesinos a los que días antes les habían dado un fusil y la autorización para asesinar a los padres que se les pusiesen por delante, y aquella gente nos trató a baquetazos. (…) En una estación estaba yo llenando de agua nuestra tetera, sin hacer caso de los gritos, cuando se me acercó un hastial, que de un manotazo me tiró el cacharro, y me dijo:
― ¡Largo de aquí, cochino burgués!
― ¡Largo, si no quieres que te arrastremos! – corearon diez o doce gandules que le seguían.
Me revolví furioso al verme atropellado tan injustamente.
― Pero ¿por qué?
― ¡Porque eres un burgués asqueroso, y te vamos a colgar ahora mismo!
― Yo soy tan proletario como ustedes.
Me contestó una salva de carcajadas. Yo, realmente, con mi cuello almidonado y el gabancito corto que llevaba, debía de tener entre aquellos bárbaros, que lucían las ropas en jirones, un aire bastante ridículo.
― ¡Yo soy tan proletario como ustedes! ¡O más! ― grité exasperado.
― ¡Mentira!
― ¡Mentira!
―O demuestra ahora mismo que se gana la vida trabajando como un obrero o le arrastramos.
― ¿Queréis que os pruebe que soy un proletario? ― pregunté jactancioso.
― ¡Como no lo pruebes no sales de nuestras uñas, canalla!
Hubo un momento de silencio. Les miré a los ojos retándoles y les grité con rabia:
― ¡Mirad, idiotas!
Y les mostraba, metiéndoselas por las narices, las palmas de mis manos deformadas por dos callos enormes, cuya contemplación causó un gran estupor a aquellas gentes.
Eran los callos que a todos los bailarines flamencos nos salen en las manos de tocar las castañuelas.
Ellos me salvaron”. ●

Resultado de imagen de imagen de Chaves Nogales

Busto de Manuel Chaves Nogales obra de Emiliano Barral.

Artículo publicado en la revista El Siglo de Europa

 

Authors

Related posts

Top