Los jóvenes refugiados en SUECIA

 

        ◊◊◊◊◊◊◊”Pienso en Europa”◊◊◊◊◊◊      
                               Diciembre 2017                     

 

Los jóvenes refugiados en SUECIA

Hace pocos días, un adolescente afgano de 17 años puso fin a sus días, ahorcándose en la casa de campo donde vivía con mas de una decena de jóvenes refugiados o “ungdomar” como les llaman en sueco. Sus compañeros de habitación quedaron muy tristes e impactados con lo ocurrido, pues aunque no lo manifiestan, muchos  están deprimidos, pues les cuesta vivir lejos de sus hogares.

En los últimos tiempos, Suecia acogió alrededor de 35 mil adolescentes, la mayoría de sexo masculino y un 10 por ciento son niñas. Sin embargo,  un grupo numeroso todavía no vive en hogares establecidos con una familia que pueda hacer el rol de padre y madre, que en alguna medida sustituya la figura materna o paterna, aunque algunos perdieron a sus progenitores a consecuencia de los violentos enfrentamientos y las masacres  que han espoleado su economía y  realidades. Aunque un gran porcentaje provienen de hogares  musulmanes, algunos cristianos son perseguidos por sus creencias.

Esos jóvenes que  habitan  en grandes espacios ubicados en las afueras de la ciudad,   conviven bajo el cuidado de gente  que tiene la delicada tarea de hacer que sus vidas tengan normas y disciplina para estudiar y desarrollarse.  Cubren sus necesidades básicas y agendan sus existencias y además de velar por su integridad, se encargan de ayudarlos a practicar deportes contando con la orientación sicológica que requieren para superar sus traumas. Los adolescentes afganos,  hablan dari y algunas palabras en inglés,  pero también hay de otras nacionalidades como africanos, pakistaníes, etc. que se comunican en otros idiomas.

Suecia es un país que por tradición es hospitalario con los refugiados, tiene un know how e instituciones especializadas en brindarles ayuda integral que van desde viviendas,  salud y educación hasta proveerlos de los alimentos y ropa adecuada al frío que se experimenta en esta parte del mundo. Pese a todas las facilidades materiales y las clases intensivas de sueco que reciben, algunos sienten el choque de culturas y añoran a la gente que los ama.

Vienen  huyendo de las guerras a veces fratricidas, crueles que han arrasado a sus poblaciones, pero  solo pueden comunicarse con sus familias a través de sus  móviles, via wapsat u otras aplicaciones. No lo dicen, pero les cuesta sobrevivir con esa carga emocional, y paralelamente aprender otro idioma, cultura y adecuarse a las reglas de una sociedad que funciona como si fuese un cronometro.

La llave que abre todas las puertas  y a veces el hándicap del refugiado es el lenguaje, la ventaja de ser joven es que ellos que viven conectados al móvil si logran sembrar empatía con gente nativa, el sueco fluirá y podrán encontrar el camino que los conducirá al éxito y les ayudará a superar esa soledad que los carcome, pues extrañan el calor y el afecto de las personas que los aman. Les cuesta adecuarse al sabor de otra comida, ellos hablan, ríen y se comunican en volumen mas alto y necesitan aprender a valorar el silencio y también a respetarlo, porque no se percatan en su inocencia que los nórdicos se sienten invadidos cuando no respetan su espacio.

La generosidad sueca apostó al recibir a miles de adolescentes solos, que aparcaron luego de crueles travesías. Pero no sabemos, quién financió esos viajes?. Quizás sus familias sacrificaron sus ahorros. Algunos sabe Dios, ¿Quienes o qué grupos los ayudaron? Tal vez a cambio  de alguna prevenda futura.

Cuando logren labrarse  un porvenir en estas tierras, podrán reunirse con sus familias, quizás hasta les sea posible ayudarlos a venir a una sociedad generosa que representa oportunidades especialmente para los menores, pero antes de cruzar esta valla, será necesario que aprendan los códigos de comportamiento y conducta de una sociedad que puede tornarse sumamente hermética, si la gente no domina un sueco o un inglés básico para comunicarse.

Algunos adolescentes aun no cuentan con la tarjeta de residencia,  están en etapa de evaluación y es que constituye un serio y delicado trabajo el desplegado por este país, si consideramos que la mayoría viene sin papeles  que permitan determinar con certeza. Quiénes son, cuáles son sus nombres reales,  y sobre todo sus edades y origen. Tampoco se conoce el nivel educativo que poseen lo cual dificulta aun mas su inserción en esta sociedad, pues es como descifrar un enigma.

Durante la convivencia sus hábitos los delatan. Algunos parece que vivieron en  áreas rurales y  otros por su desenvoltura  procedieran de zonas urbanas, pero  son apreciaciones  superfluas.  Algunos pese a su juventud muestran vasta experiencia laboral, trabajaron desde niños. En Suecia los deslumbran las zapatillas de marca, las casacas con capuchas y no adquieren la ropa de second hand que es usual entre los suecos.

Ellos copan HM o Zara. Casi como para protegerse entre ellos, caminan en grupo, quizás para no sentirse aislados, entre hombres se saludan de una forma diferente a la habitual, las pocas jóvenes que han sido acogidas uno puede identificarlas porque usan el velo que las identifica como musulmanas.

A escondidas beben cerveza y fuman, quizás lo hacen para evadirse, pero esto tiene sus peligros, pues algunos han sido atrapados por la heroína. Estas sociedades perfectas también  tienen sus puntos negros y existe gente inescrupulosa que los ve como posibles consumidores. Si esto les sucede y son detectados irán a centros de rehabilitación, recuperarlos será un proceso largo.

Suecia acogió jóvenes para moldearlos, enseñarles, ellos  podrán aprender cuanto les sea posible, pero la juventud es impaciente y  desean tenerlo todo, la tarjeta que les abre las puertas de Europa, una profesión, trabajo, dinero para ver a su familia unida en un país donde tendrán educación, salud y vivienda pero donde sobre todo tendrán paz y libertad.

En el futuro podrán establecerse con éxito, crecerán como personas y podrán ayudar a sus padres, es un reto que implicará sacrificio, pero cada muchacho es  una caja de pandora y es que no es tan fácil recibir a refugiados especialmente solitarios como lo han hecho los nórdicos. Que Dios los proteja.

DORA FERNANDEZ (Periodista peruana)

 

 

 

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