Toro y EUROPA

                                   ◊◊◊◊◊◊◊”Pienso en Europa”◊◊◊◊◊◊                            
                                                          Diciembre  2017

Toro y EUROPA

En la mitología griega, Europa era una mujer fenicia de Tiro, que terminaría dando su nombre al continente europeo. Ella fue seducida por el dios Zeus quien la llevó a Creta. Prendado de Europa, se transformó en un toro blanco y se mezcló con las reses que tenía el padre de la joven. Mientras Europa y su séquito recogían flores cerca en la costa, ella vio al toro y lo acarició. Al notar que era manso, se montó en él. Zeus aprovechó esa oportunidad para correr al mar y nadar hasta la isla de Creta llevando a Europa en el lomo. Allí reveló su auténtica identidad y Europa se convirtió en la primera reina de la isla. Lo que no sabemos es si lo celebraron con vino. Pero seguro que no fue un vino de Toro el que se bebieron. Sí, es cierto que esta versión de la leyenda del rapto de Europa sigue viva, palpable y visible. En Grecia; en la actualidad los griegos llevan la moneda de dos euros con un toro blanco. Por otra parte el toro, posteriormente se convertiría en constelación

Hoy cuando hablamos de Europa, subyace una imagen bucólica de ese mito. Toro, es además una pequeña ciudad en la provincia de Zamora, Castilla León. Esa ancestral memoria colectiva puede estar detrás de la elección de geografías a los que llegamos buscando respuestas. Al visitarla nos cuentan que la aparición de un toro de piedra antiguo puede ser el origen del nombre dado a esta ciudad. Sin embargo, la etimología de Toro está documentada desde hace siglos, como un derivado de «Campu Gothorum», es decir de «campo de godos» que con el tiempo se convirtió en su actual denominación. Es un enclave estratégico, lugar de conflicto entre cristianos y musulmanes, corte de reyes y capital de provincia en el siglo XIX. La villa de Toro está estructurada en forma de “una mano abierta” y en su centro se encuentra la colegiata de Santa María la Mayor, del siglo XII. Junto a la colegiata está el mirador del Espolón, que muestra una vega denominada el Oasis de Castilla. La urbe conserva los restos de una muralla del año 910; y las puertas de Corredera y Santa Catalina, de los siglos XVII y XVIII. Entre los edificios civiles están la portada del palacio de las Leyes, el Ayuntamiento y los palacios de los condes de Requena, de los marqueses de Alcañices o de los marqueses de Castrillo. Y entre los edificios eclesiásticos, las iglesias de San Lorenzo el Real, de estilo románico mudéjar; San Salvador de los Caballeros, que alberga un museo de Arte Sacro; San Sebastián, y los monasterios de Sancti Spiritus, Santa Clara y Santa Sofía.

 

La base de la economía del municipio pertenece al sector primario, especialmente su trayectoria vitivinicultora reconocida y amparada bajo la Denominación de Origen Toro. En el sector secundario destaca la industria agroalimentaria, como la azucarera u otras empresas transformadoras, tanto de productos lácteos como de panadería-repostería.

El vino es un gran referente de esta ciudad con su «Tinta de Toro», variedad vinífera tinta, autóctona del territorio de la denominación de origen «Toro». De este vino se habló desde épocas medievales de origen prerromano, mencionado en innumerables obras literarias de autores como Góngora, Quevedo, o el Arcipreste de Hita.

Ya los romanos, que se abastecían de tan exquisito elixir y siglos más tarde facilitó a sus artesanos y por extensión a su ciudad, de privilegios reales. Incluso acompañó a la tripulación del descubrimiento de América y sació la sed de innumerables provincias en las que estaba prohibida toda importación no originaria de la propia tierra. También destacan los licores elaborados por los frailes del Convento de los Padres Mercedarios

 

La ciudad de Toro muestra un rico legado relacionado con el arte, la historia, la gastronomía y el vino, que se plasman en tradiciones y festividades que, en algunos casos, han sido objeto de reconocimiento como «Fiesta de Interés Turístico Regional», como son los carnavales, la Semana Santa y la vendimia. Su celebración se mantuvo incluso durante la época de prohibición generalizada de este tipo de festividades populares en España durante varias décadas del siglo XX, aunque durante esta época se denominaban “Fiestas de Invierno”. En 1975 vuelven a retomar su denominación originaria.

Si hay un edificio que espectacular en esta tierra, es la Colegiata. Entre los siglos XII y XIII, cuando la misma se construía en el centro de la ciudad, entró por uno de sus accesos un leñador con su burro cargado de leña pero el animal tropezó cayendo al suelo.

El leñador intentó levantarlo y no podía porque el burro no ponía nada de su parte. Pasaba por ahí un cantero que trabajaba en la Colegiata y les intentó ayudar. La solución fue que el dueño tiraría del ronzal y el cantero tiraría del rabo. Pero lo hicieron con tanta fuerza que el cantero le arrancó el rabo al burro, quedándosele en las manos. El dueño desesperado se puso a gritar insultando al cantero por lo que había hecho. Esto le llevó a denunciarle. Llegado el día del juicio y oídas ambas partes, el juez dictaminó que el cantero pagara el importe del burro a su dueño y que se quedara con el animal hasta que le creciera el rabo otra vez y cuando estuviera igual le devolvería el burro a su dueño. Allí estaba el maestro escultor de la Colegiata que construyó el pórtico de la fachada norte, dio lugar -a que con el tiempo- para proteger este hermoso pórtico se construyera una capilla quedando en el interior del templo. Allí se representó a santos, reyes, etc. reflejando, en la parte baja del lado izquierdo del arco, la escena con los dos hombres tirando del burro y el cantero con el rabo arrancado, en la mano. Como veréis Europa y sus entrañables ciudades tienen muchos secretos y leyendas que, hoy, nos encanta evocar.

Sully Fuentes.

 

 

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