La mierda de Vale mata

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El lodo de la presa rota mató todo lo que encontró por delante / Foto: Jairo Máximo

Por Jairo Máximo

Brumadinho, Minas Gerais, Brasil – (Blog do Pícaro) – Cuando en la tarde del 25 de enero pasado saltó la noticia de que la Presa I de la Mina Córrego do Feijão, en Brumadinho, se había roto, al  momento consideré que aquello era consecuencia de una negligencia empresarial, que dejaría un rastro de muerte y destrucción ambiental sin precedentes en el país. Las víctimas de la catástrofe van a padecer imprevisibles consecuencias −físicas, sociales y económicas− por un tiempo indeterminado. El residuo de hierro está formado por una combinación de arsénico, mercurio, radio y otros metales pesados.

La dueña de la minera es Vale, una de las mayores empresas brasileñas dedicada a la extracción de minerales, que emplea en la ciudad aproximadamente dos mil trabajadores, directos e indirectos.

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El homenaje a las víctimas se hace patente al entrar a la ciudad / Foto: Jairo Máximo

Lástima. Cinco días después de la tragedia llegué a la ciudad de Brumadinho, internacionalmente conocida por ser la sede del Instituto Inhotim, considerado el mayor museo a cielo abierto del  mundo, que atesora uno de los más importantes acervos de arte contemporáneo brasileño. Durante el viaje en autobús, de Belo Horizonte a Crucilândia, con parada en Brumadinho, el silencio reinaba entre los pasajeros. Brumadinho,  que cuenta con 37 mil habitantes, está situada en el montañoso y rico estado de Minas Gerais, sudeste de Brasil.

En medio del camino releí el poema “Lira Itabirana”, del gran poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade (1902-1987), publicado en 1984.

“O Rio? É doce. / A Vale? Amarga. / (…) Quantas toneladas exportamos / De ferro? Quantas lágrimas disfarçamos / Sem berro?”.

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Las paredes hablan en las calles de Brumadinho / Foto: Jairo Máximo

Luto total. Lo primero con lo que tropecé en el casco histórico de la ciudad fue con una gran pintada que rezaba así: “¿Tragedia? ¡No! Resultado de la Privatización. Vale Asesina”.

En las puertas de algunas tiendas el cartel Cerrado por luto recordaba el alcance de la catástrofe.

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Aviso de luto / Foto: Jairo Máximo

En el cielo azul de verano, el ruido de los helicópteros, que iban y venían de la montaña, rompía el silencio mortal. Cada viaje transportaba los cuerpos de nuevas víctimas para ser identificadas.

En el cementerio, los féretros eran realizados sin tregua. Presencié mientras caminaba el paso de algunos.

En las calles, la ausencia del Ejército brasileño era inexplicable. Estaban aparcados en Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, esperando un permiso del Gobierno estatal para actuar que nunca llegó. Ansié tanto la presencia en el lugar de los Cascos Azules de la ONU.

En las orillas del río Paraopeba, que atraviesa Brumadinho, el agua teñida de color mierda a la vista estaba. Abastece nueve provincias de la región y el área metropolitana de la capital Belo Horizonte. Es ley de vida que sin río no existe vida.

El río Paraopeba antes de la tragedia

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El río Paraopeba mide 546,5 Kilómetros / Foto: Portal Minas Gerais

El río Paraopeba después de la tragedia

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El río Paraopeba cruza Brumadinho / Foto: Jairo Máximo

Lodo mortal. A los pies de la presa rota, que desemboca en el río Paraopeba, el Ejército israelí, bien equipado, pisó firme en el lodo de residuos tóxicos durante algunos días. Rescató más de una docena de cuerpos. Un acto loable, dígase de paso, pero el Gobierno brasileño no ha explicado para la nación los pormenores de esta misión fugaz. Han trabajado tres días y se han marchado. Solo el transporte de los 136 hombres y mujeres, que vinieron a ayudar en las tareas de búsqueda, costaron casi 6 millones de euros a Israel.

Mientras tanto, los bomberos de Belo Horizonte, São Paulo, Guaratinguetá, Campos do Jordão, Jacareí y otras localidades, además de voluntarios llegados de todo el país, se adentraban en cuerpo y alma en el lodo de residuos, a la búsqueda de los cuerpos de los centenares de desaparecidos. El área afectada equivale a 970 campos de fútbol.

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Los residuos que almacenaba la presa destrozó muchas viviendas / Foto: Gabriel Nogueira

Encontrando víctimas. Leci Strada, cantante y compositor, es tío de uno de los desaparecidos por la rotura de la presa. Estaba visiblemente afectado con el hecho. Me dijo que cuando los familiares de las víctimas y los residentes sean conscientes de lo sucedido; la depresión, la ansiedad y el suicidio serán el pan nuestro de cada día en la provincia. “Es inevitable. Es ley de vida”, afirma. No obstante, considera que el museo Inhotim puede ser una salida, tanto económica como psicológica, para la ciudad.  “El Inhotim recibe anualmente la visita de miles de personas. Cultura es la salida; no la educación”, afirma.

En seguida, acompañado de su guitarra, me cantó su canción “Vida”.

“Vivo en el presente pensando en el futuro / huyendo de la muerte, trabajando duro”.

Otras víctimas. La pareja formada por Sandro y Soninha es superviviente. Él, barrendero del ayuntamiento. Ella, asistente social. Los residuos que almacenaba la presa invadieron el patio de su casa, situada en las cercanías de la presa rota. Tras la rotura fueron obligados por Vale a abandonarla a toda prisa. De un día para otro han perdido todo –tierra, casa, mobiliario y animales. Han quedado sin nada.

Provisionalmente, Vale los cobijó en un hostel hasta que encuentren una casa para alquilar y reconstruir sus vidas.

Cuando les conocí estaban impactados con lo sucedido. “Tenemos miedo. No queremos nunca más volver a vivir en las inmediaciones de una presa”.

Bomberos brasileños buscando víctimas

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Los bomberos brasileños son los héroes de la negligencia de Vale y de la deficiencia del Gobierno brasileño / Foto: Gabriel Nogueira

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¡Vivan los bomberos! / Foto: Gabriel Nogueira

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Las imágenes de las televisiones brasileñas reflejaban la labor de los bomberos brasileños / Foto: Maurício Chaer

¡Vivan los Bomberos! Tras mucho caminar por la montaña, buscando el lecho del río de lodo, muerte y lágrimas, encontré una unidad de bomberos de Belo Horizonte, que se estaba marchando de uno de los lugares afectados. Con mucho respeto, e impactado con la escena, les pregunté si podría fotografiarlos. “Sin problema”, me contestaron, uno a uno, todos con evidente fatiga. “Hemos encontrado un cuerpo en este sitio”, me dijo uno de ellos. En aquél momento constaté que los bomberos brasileños eran los verdaderos héroes anónimos de la negligencia de Vale y la deficiencia del Gobierno brasileño. El ejército israelí era actor de reparto secundario y el ejército brasileño figurante.

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Después que los bomberos abandonaron el sitio fotografié el escenario que encontré. Lo lodo ha destruido, y seguirá destruyendo todo aquello que encontró por el camino. De pronto, vi a un joven recogiendo botellas de agua vacías. Al momento le pregunté quién era y qué hacía en este triste paraje.

“Mi nombre es Gabriel Nogueira. Soy de Belo Horizonte. Soy funcionario público, y trabajo con niños discapacitados. Estoy aquí para ayudar en aquello que pueda. Recojo las botellas vacías que los bomberos utilizan para que ellas no se queden tiradas en la naturaleza”.

Sorprendido con el gesto del joven, decido ayudarlo. En silencio, recogemos las botellas que encontramos. A continuación, él se ofreció a levarme en motocicleta a diversas zonas afectadas por la rotura de la presa. En una única tarde visité varios lugares de la zona cero de la tragedia. En los tortuosos caminos, entre paisajes apocalípticos, pensé en el arcángel Gabriel. ¡Aleluya!

Un absurdo. Cuando las alarmas tenían que sonar en la tarde de la rotura de la presa para alertar a los habitantes del entorno, no funcionaron. Fueron siete minutos perdidos que podrían haber salvado muchas vidas. Vale no tenía ni un plan A ni un plan B dispuesto para emergencias desmedidas.

Dos días después, las alarmas han sonado de madrugada  en toda Brumadinho. Era un simulacro… Las personas sobresaltadas, que no sabían que era un simulacro, ni donde refugiarse, quedaron alteradas y perdidas. A la mañana siguiente, la rabia era generalizada entre los habitantes de la ciudad. La acción preventiva traumatizó aún más a los traumatizados moradores de Brumadinho. “Fue horrible. Tuve mucho miedo aquella madrugada. Mis hijos pequeños aún hoy están asustados”, resume la dueña de un restaurante de la ciudad.

Panorámica de la montaña donde estaba instalada la Presa I de la Mina Córrego do Feijão / Foto: Jairo Máximo

Película calcada. Semejante negligencia ya había ocurrido en la presa del Fundão, en la  tarde del 5 de noviembre de 2015, en Mariana, también en el estado de Minas Gerais, donde perecieron 19 personas. En aquella ocasión, la dueña de la minera era Samarco Mineração, una joint-venture entre Vale y la anglo-australiana BHP Billiton. Las víctimas del Fundão aún hoy luchan por sus derechos, mientras que los responsables de la tragedia continúan impunes.

El lobby de las mineras brasileñas financia a decenas de diputados con la finalidad de defender sus intereses y que no aprueben leyes que castiguen sus negligencias. En 2015, un proyecto de ley que preveía castigar con contundencia las  mineras fue tumbado. En 2016, otro proyecto de ley que clasificaba de “crimen hediondo” las negligencias de las empresas mineras también fue tumbado en el Congreso Nacional.

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Grafiti encontrado en Belo Horizonte en el trayecto de São Paulo a Brumadinho / Foto: Jairo Máximo

Cal + Cal. Un día después de la tragedia anunciada en Brumadinho, el presidente de Brasil, Jair Messias Bolsonaro, utilizó la red social Twitter y escribió (¿o escribieron para él?) estas palabras:

“Difícil quedar delante de todo ese escenario y no emocionarse. Haremos lo que esté a nuestro alcance para atender a las víctimas, minimizar los daños, aclarar los hechos, hacer justicia y prevenir nuevas tragedias, como la de Mariana y Brumadinho, para el bien de los brasileños y del medio ambiente”.

Acto seguido,  el ex capitán Bolsonaro –“capitán Bolsonaro” para los íntimos−, declaró a una emisora de radio brasileña: “El Gobierno no tiene nada que ver con este tema de Vale”. Al mismo tiempo, el alcalde Brumadinho, Avimar de Melo, replicó: “La responsabilidad de la tragedia es del Estado brasileño”. Mientras que el alcalde de Mariana, Duarte Júnior, manifestó: “Nosotros, de Mariana, somos mangoneados por Vale”.

“Vale es una joya brasileña” y no puede ser “condenada” por la rotura de presas, afirmó públicamente Fabio Schvartsman, presidente de Vale.  “Vale reitera su  compromiso con la preservación de la vida”, anuncia la minera en publicidad televisiva, intentando convencer al brasileño por –mar, tierra y aire− de que lo ocurrido en Mariana y Brumadinho fue un “accidente” fortuito.

Cabe resaltar, que en febrero pasado, en comparecencia pública en Brasilia, el innombrable presidente de Vale, fue la única persona que no se  levantó de su silla durante la realización del minuto de silencio in memoriam de las víctimas de la tragedia.

Sorprendentemente, tras el abominable “crimen doloso” en Brumadinho, las acciones de Vale en cotizaron al alza en las bolsas de valores internacionales.

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“Para un mundo con nuevos Valores”, expresa el lema de la minera brasileña Vale / Foto: Jairo Máximo

Santa Vale. En Brasil están operativas 815 presas. El estado de Minas Gerais tiene 428 inestables. Solamente Vale tiene 57 de las mismas características de la Presa I de la Mina Córrego do Feijão. Según documentos oficiales, publicados por la prensa nacional en febrero pasado, desde 2017 Vale sabia de la inestabilidad de la presa de Brumadinho. Aun así, ella se defiende diciendo que “todo estaba en orden”.

Actualmente, las presas de Vale están siendo revisadas. Muchas de ellas se pueden romper en cualquier momento por falta de mantenimiento. Personas que viven cercanos a ellas, en bellos valles montañosos, están siendo desalojados, día sí y otro también.

En Brasil, desde los años cuarenta del siglo pasado, la minería está considerada como una actividad de “utilidad pública”.

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¿De Brasil o de Vale? / Foto: Jairo Máximo

Luto sin cuerpo. Pasado más de un mes de la rotura de la presa, las cifras oficiales hablan de más de 300 víctimas entre muertos y desaparecidos.

En fin, para Vale todo vale. Gana mucho con la vida del otro y paga poco por su muerte.

“Tan solo recuerda que la muerte no es el final”, canta Nick Cave, en el álbum Baladas de asesino. ●

Los bomberos brasileños mostraran su resistencia y heroicidad ante una situación límite / Foto: Jairo Máximo

*Asista abajo 3 vídeos realizados tras la rotura de la Presa I de la Mina Córrego do Feijão, en Brumadinho, Minas Gerais, Brasil. Y escuche la música “Dor de Lama”, de Leci Strada.

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