El tabaco, un negocio criminal: “Cuando lo positivo, es tomar conciencia”

Existen en diferentes países, organismos dedicados a proteger la salud de la población. En otras palabras, se realizan análisis y se piden diferentes pruebas para garantizar que un producto dirigido al consumo humano o animal, no contenga sustancias tóxicas capaces de producir lesiones cancerígenas, propias o transmitidas a terceros. En el área farmacéutica –humana o veterinaria – no se permiten comercializar productos en I+D, hasta comprobar su inocuidad.

¿Pero qué ocurre con el tabaco? Demostrado hasta el hartazgo que produce un sinnúmero de afecciones graves, se permite su venta. Es comprobadamente cancerígeno, pero se permite su venta. Entonces este negocio de millones, cuenta con infinidad de cómplices. Les proponemos reflexionar sobre esta locura oficialmente aprobada y además, naturalizada y legitimada por la mayoría de las sociedades del mundo.

Apelar al sentido común es el parámetro más eficaz para comprender un hecho. Si se invita a un individuo a la racionalidad, ¿quién sería capaz de legitimar la venta libre de un producto que contiene 3.000 compuestos que perjudican la salud humana? Este es el caso del cigarrillo que en su composición posee, además de alquitranes y nicotina, isopreno, crotonaldehído, tolueno, cotinina o hidroquinona, cuyo denominador común es la incidencia directa en la aparición de enfermedades cancerígenas.

Entonces, mientras los entes reguladores oficiales en el área de la farmacéutica veterinaria o humana sancionan y prohíben la venta y distribución de un producto de tales características, en el caso del mercado del tabaco no hay trabas ni límites para su consumo y comercialización. Pero,…. ¿No existe una ley que regule los compuestos permitidos para la fabricación de cigarrillos?

La norma existe pero sólo tres de ellos se encuentran limitados por la legislación vigente: los alquitranes, la nicotina y el monóxido de carbono. Sobre el resto, no hay límites. La regulación escapa a todo razonamiento del orden del sentido común ya que de los más de tres mil compuestos que contiene el tabaco existen algunos mucho más nocivos que la nicotina como el cianuro de hidrógeno, el 1,3-butadieno o algunos vinculados a los aldehídos y las nitrosaminas cuya limitación no se encuentra especificada. Es decir, la mayoría de los compuestos tóxicos que contiene un cigarrillo no se encuentran regulados, a pesar que todas las investigaciones realizadas por profesionales en la materia han comprobado sus efectos perjudiciales y letales para el ser humano.

Del rito al negocio
La naturalización del consumo y adicción al tabaco posee una amplia trayectoria a nivel mundial en todas las sociedades del mundo. Su historia es milenaria ya que los primeros cultivos tuvieron lugar entre cinco mil y tres mil años A.C. Diversos expertos en el tema coinciden en que el centro de origen del tabaco se ubica en la zona andina entre Perú y Ecuador. Por aquel entonces, fumar era sólo una de las variables para su consumo, ya que las tribus indígenas latinoamericanas lo utilizaban en ritos. El tabaco se soplaba sobre el rostro de un guerrero antes de una lucha, era un elemento cabalístico para augurar una cosecha exitosa o bien se ofrecía a los dioses a modo de tributo.

¿Una venganza?
El primer acontecimiento que indica su expansión, data de 1559 cuando por orden de Felipe II, Hernández de Boncalo, cronista e historiador de las Indias, trasladó las primeras semillas a Europa. Así, en los alrededores de Toledo, en España, comenzaron las primeras plantaciones y los historiadores cuentan que el nombre “cigarro” proviene de aquel entonces cuando, el principal objetivo del cultivo de tabaco era combatir una invasión de cigarras en la zona.Pero, a pesar de sus orígenes y las buenas intenciones del inicio, desde el siglo XVI el tabaco fue uno de los máximos negocios de la historia y no fue hasta iniciado el siglo XX cuando se corroboraron sus efectos perjudiciales para la salud.

Las corporaciones no tienen ideologías políticas (los gobiernos tampoco)
Diversas investigaciones ratificaron su incidencia en la generación de enfermedades cardíacas y cancerígenas, pero no existió ningún tipo de ley que impida su comercialización, caso absolutamente contrario a la prohibición de las drogas hoy ilegales o al del alcohol, en los Estados Unidos durante la Ley Seca entre 1920 y 1933. El cigarrillo siempre fue de venta libre y no sufrió ningún tipo de límite o prohibición desde su origen hasta la actualidad. Inclusive, las distintas campañas o medidas vinculadas a la concientización social cuentan con una historia muy reciente. Aunque sus efectos nocivos fueron comprobados científicamente, la ley brilló por su ausencia. Recién en 1992 el Tribunal Supremo emitió una sentencia sobre el tema, pero con el claro objetivo de amparar a las tabacaleras. Esta resolución dictaminó que las empresas sólo incurrirían en un delito si le ocultaban al consumidor la información sobre los efectos nocivos del tabaco.

Los adictos no tienen miedo
Pero, la medida no se hizo efectiva hasta una década después. Fue en el año 2004, cuando las tabacaleras finalmente, fueron obligadas por ley a especificar los compuestos tóxicos del cigarrillo en sus cajas y además tuvieron que materializar diversas inscripciones tales como “Fumar mata” o “Fumar provoca cáncer”. Siglo tras siglo el silencio fue un negocio y la adicción, una enfermedad que provocó el empeoramiento de la calidad de vida, la aparición de patologías y la muerte.

Un mercado multimillonario, y con miles de cómplices.
A la hora de buscar causas acerca de la irracionalidad que significa la venta libre de tabaco, el sentido común tiene la respuesta. La adicción y el consumo de cigarrillos es uno de los negocios más rentables de la historia. En la actualidad la comercialización de tabaco genera unos 378 mil millones de dólares. Es por ejemplo, mayor al PBI de países como Noruega o Arabia Saudita. Además, es un negocio cuya rentabilidad queda en pocas manos. El 85% del mercado mundial es controlado por 5 tabacaleras transnacionales, quienes encabezan distintas estrategias legales para impedir la implementación real de una legislación que restrinja la publicidad, la venta y el consumo. En el caso del tabaco, los entes reguladores oficiales no prohíben o regulan la comercialización de un producto que enferma y mata al ser humano.

El tabaco, un negocio muy rentable para el Estado
Dice Manuel Llamas desde España– “Hipocresía, éste es el término que mejor define la actitud del Estado respecto al ámbito del tabaco. Por un lado, la nueva reforma legislativa persigue a los fumadores con mayor ahínco mientras que, por otro, amplía los puntos autorizados para la venta de cigarrillos. De ahí, precisamente que, más que Ley Antitabaco, ésta deba ser calificada como Ley Anti fumadores. Y es que, al contrario de lo que se piensa, al Gobierno le interesa, y mucho, que la gente siga fumando, ya que dicho hábito le genera pingües beneficios. Los políticos son conscientes de que este particular producto, debido a la adicción que provoca, se caracteriza por tener una demanda muy inelástica, de modo que su consumo apenas varía en función de la subida o bajada de precios.

El Estado aprovecha esta circunstancia para aumentar los impuestos que gravan el tabaco, incrementando así sus ingresos, si bien luego, de cara a la opinión pública, trata de ocultar este hecho alzándose como el gran defensor de la salud de los ciudadanos. Nada más lejos de la verdad. Los datos así lo demuestran. La recaudación fiscal vinculada a esta actividad no ha dejado de crecer ni un solo año. Así, el Estado ingresó 9.842,3 millones de euros en 2010 mediante los impuestos especiales y el IVA del tabaco. En concreto, 7.966,1 millones correspondieron al Impuesto Especial sobre las Labores del Tabaco y los 1.876,2 millones restantes al IVA. Esta cifra supone un 4,19% más que lo recaudado en 2009 y un nuevo récord histórico. No es de extrañar si se tiene en cuenta que los impuestos representan casi el 84% del precio de una cajetilla, de modo que el Estado se fuma 16 pitillos por paquete. “

Síntesis
Al compás de un negocio multimillonario, crece la adicción y la patología. Las normas son para algunos, la enfermedad para todos.

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