ORO COI OROPEL BRASIL

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Ritual del encendido de la antorcha olímpica, en el Templo de Hera, en la Antigua Olimpia. / Foto: Comité Olímpico Griego

por Jairo Máximo

MADRID, España ― (Blogdopícaro) ― La XXXI Olimpiada de la era moderna, celebrada en Río de Janeiro, Brasil, la primera en América del Sur, cuenta con un sinfín de inauditas historias que pasaran para la posteridad; tanto para bien como para mal. La Olimpiada nació acompañada del mito de la tregua guerrera en Olimpia, ciudad de la antigua Grecia, en Peloponeso, región de Grecia occidental, lugar de celebración de los juegos de la antigüedad.

Los Juegos Olímpicos han tardado 28 ediciones, sin sumar las 2 suspendidas por la Guerra Mundial, para llegar a Suramérica. Más de 6.000 deportistas de 207 delegaciones compitieron en alguno de los 306 eventos programados. Estaban en juego 918 medallas, divididas entre 42 disciplinas de 28 deportes.

En la Villa Olímpica se congregaron casi 12.000 personas, entre deportistas, técnicos y familiares. Al finalizar el evento, 78 países conquistaron medallas. Estados Unidos, con 121 medallas (46 oros, 37 platas y 38 bronces) quedó en el primer puesto de la clasificación final. Reino Unido, con 67 medallas (27 oros, 23 platas y 17 bronces) quedó en segundo. Y China, con 70 medallas (26 oros, 18 platas y 26 bronces) conquistó la tercera plaza. El anfitrión, Brasil, ganó 19 medallas (7 oros, 6 platas y 6 bronces), y ocupó la 13ª posición del medallero.

De los 45 líderes mundiales esperados para la ceremonia inaugural, solo acudieron menos de dos decenas. 18. Arribaron a Río, François Hollande, por Francia; John Kerry, por EE UU; Joachim Gauck, por Alemania; Mauricio Macri, por Argentina. El emir Tamin Bin Hamad Al Thani, por Qatar. Ban Ki-moon, por la ONU. De las casas reales europeas, todas enviaron  sendos representantes. La belga, la danesa, la noruega, la holandesa, con excepción de la Casa Real española. Mariano Rajoy, el presidente de no Gobierno de España, tampoco acudió.

Más de 25 mil periodistas visitaron la capital carioca para cubrir la cita, bajo el lema Viva sua Paixão (Vive tu pasión). Alrededor de 1 millón de turistas, siendo 350 mil extranjeros, visitaron la “Ciudad maravillosa”. Días antes de la ceremonia inaugural del torneo, el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach,  advertía: “Serán unos Juegos Olímpicos atípicos”. Ciertamente así fue. ¡De película!

Resultado de imagen de imagen Frontón Occidental del Partenón: Nacimiento de Atenas             (425-420 a C).

Frontón occidental del Partenón: Nacimiento de Atenas (425-420 a. C.).

 MIELES DEL ÉXITO

En la bella ceremonia inaugural de Río-2016, que no se realizó en el estadio Olímpico, como reza el protocolo, oímos los abucheos dirigidos al entonces presidente brasileño en funciones, Michel Temer. Vislumbramos el nacimiento de la delegación de Refugiados, bajo la bandera del COI, con atletas oriundos de Etiopía, Siria, Sudán del Sur y República Democrática del Congo, abanderado por la nadadora siria Yusra Mardini, que huyó de la guerra y salvó los náufragos de su patera. Actualmente, Mardini reside en Alemania. Vimos al abanderado de Tonga desfilar con el torso desnudo y embadurnado con aceite.

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El jamaicano Usain Bolt conquistó su noveno oro en unos Juegos Olímpicos. / Foto: Fernando Frazão (Agencia Brasil)

Presenciamos emocionantes enfrentamientos en muchas disciplinas deportivas, inclusive distintos uniformes, en el mismo deporte. Conocimos a los nuevos plusmarquistas. Contemplamos al jamaicano Usain Bolt, conquistar su noveno oro en unos Juegos. “Soy invencible. Soy inmortal”, declaró el atleta. Admiramos al estadounidense Michael Phelps, que se despidió emocionado de los Juegos con seis medallas: cinco oros y una plata. “Gracias, Río de Janeiro”, manifestó el nadador. Nos maravillamos con la gimnasta estadounidense Simone Biles, que ganó cuatro oros, y se transformó en uno de los símbolos del éxito de la delegación norteamericana en Brasil. El equipo de baloncesto de EE UU también brilló. Ganó la tercera medalla oro consecutiva. ¡Una maravilla! Con u sin tatuajes.

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La nadadora siria Yusra Mardini es la encarnación del espíritu olímpico.

Supimos de la distribución de 42 preservativos por deportista, así como la utilización de una aplicación para ligar. Nos asombramos con la metamorfosis de la piscina olímpica, del color azul a lo verde cloaca.

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El nadador estadounidense Michael Phelps se despidió emocionado de los Juegos Olímpicos Río-2016.

Notamos que las gradas del estadio Olímpico, con capacidad para 60 mil personas, estaban vacías, semejante a lo ocurrido en Londres- 2012, Pekín- -2008, Atenas- 2004. Estuvimos al tanto de la venta anticipada de casi la totalidad de las entradas, adquiridas por compradores que no acudieron a las competiciones. Que una red clandestina de venta de entradas procedía del seno de la familia olímpica. Asientos que tenían el precio oficial de 400 euros llegaban a venderse por 7.000 euros. Asimismo, que los recintos controlados por el COI solo aceptaban pago con tarjeta Visa. Oro para el COI.

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La gimnasta estadounidense Simone Biles es uno de los símbolos del éxito de la delegación norteamericana.

 SALTAR A LA TORERA

Aunque el reglamento del COI veta manifestaciones de carácter ―político, comercial o religioso―, las hubo. Vimos el corredor etíope Feyisa Lilesa, ganador de la medalla de plata en el maratón, denunciar con un gesto, la grave situación de su grupo étnico ―los oromo― el más numeroso de Etiopia, que lucha por preservar sus tierras. “El gobierno etíope está matando a mi gente”. Observamos pancartas políticas en las gradas ―Fuera Temer; Fuera Dilma―, y símbolo religioso evangélico en el césped ―Jesús 100%―, que Neymar, el capitán de la selección brasileña de fútbol que conquistó el oro por los pelos, lució en la cabeza. A la postre admiramos el gesto de la italiana Elisa Di Francisca, plata en esgrima, que exhibió la bandera de la Unión Europea para homenajear a las víctimas del terrorismo. “No dejemos que gane el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), su objetivo es que nos encerremos y no salgamos de casa”. Habitualmente, los deportistas de élite, son lentos a la hora de adoptar posiciones públicas.

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El gesto que hizo el etíope Feyisa Lilesa podría costarle la vida.

Asistimos el enfado y llanto del campeón olímpico francés, Renaud Lavillenie, favorito al oro en salto con pértiga, tras ser abucheado por los brasileños durante la prueba. “Eso es para el fútbol; no es para el atletismo”. El presidente del COI, Bach, también reprochó la actitud del público: “Es chocante que la multitud abuchee a Lavillenie en el podio. Inaceptable en los Juegos Olímpicos”, declaró.

Fue sorprendente saber que de los 460 deportistas de la delegación brasileña, 145 eran militares, mayoritariamente de pacotilla. Al recibir sus medallas hacían el saludo militar mientras recibían una ovación cerrada de la afición. Los militares ganaron casi el 70% de las 19 medallas conquistadas por Brasil. El protagonismo de las Fuerzas Armadas señala las carencias del país para sostener a sus atletas.

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La italiana Elisa Di Francisca exhibió la bandera de la Unión Europea para homenajear a las víctimas del terrorismo.

Estuvimos al tanto del tufo a cloaca en los cuatro costados de la Villa Olímpica. Percibimos que la violencia urbana cotidiana de la ciudad de Río no fue noticia. El foco estaba direccionado a las estrellas olímpicas. Descubrimos con estupor el atraco ficticio inventado, después de una noche de juerga,  por el nadador estadounidense, Ryan Lochte, ganador de una medalla de oro. La Policía brasileña le acusa de falso testimonio. Su país le sancionó con 10 meses sin competir. Sus patrocinadores le abandonaron. Desde EE UU el ídolo nacional pidió excusas a todos los brasileños: I’m sorry  (Lo siento).

 “SILENCE, PLIS”

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Una fotografía de Efe capturó el momento exacto en que un rayo eléctrico impactó en la mano derecha del Cristo Redentor. / Foto: Agencia Efe

A nadie en Brasil sorprendió que poco antes del inicio de los Juegos Olímpicos, la ciudad de Río de Janeiro fuera a bancarrota. El gobierno federal en funciones, con el ex vicepresidente Michel Temer a la cabeza (hoy presidente de Brasil de facto), tuvo que aportar in extremis dinero público para evitar que el evento deportivo fuera un rotundo fiasco internacional. Blindó la ciudad con decenas de miles de militares para garantizar la seguridad de los olímpicos y turistas. La esperada Olimpiada de la crisis era un hecho.

En la ceremonia de cierre los Juegos Olímpicos de Barcelona-92, el COI internacionalizó la frase: “Estos han sido los mejores Juegos de la historia”. En los de Río-2016, el presidente de la entidad, Bach, dijo con un matiz esencial: “Estos han sido unos Juegos maravillosos en la ciudad maravillosa.  La 1ª Olimpiada en América del Sur fue ejemplar, icónica”. A continuación, agradeció a los 35.000 voluntarios que trabajaron gratis los 16 días que duró el evento. Alrededor de 15.000 abandonaron sus cometidos por motivos de desorganización, restricciones políticas y groserías por parte de jefes de delegaciones extranjeras.

“Hacer los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro ha sido un gran desafío. Un desafío que ha sido  todo un éxito. Me siento orgulloso de mi país, de mi ciudad y de mi gente”, constató Arthur Nuzman, presidente del Comité organizador de Río-2016.

“Es momento de felicitar a la organización porque todo ha transcurrido con normalidad, garantizando siempre la seguridad de los atletas. Cabe también destacar la gran labor de los voluntarios que hicieron que todo fuera más fácil”, escribió en la prensa española el jugador de baloncesto Pau Gasol, que conquistó la medalla de bronce en el torneo. En un partido de grupo, entre Brasil y España, Gasol fue hostigado por la hinchada brasileña. “Gasol, a tomar por culo”. “Hijo de puta”. Su misiva pública sobre su temor a las consecuencias del virus zika, transmitido por el mosquito aedes aegypte, fue su espada de Damocles. El tenista Rafa Nadal, abanderado de España, fue abucheado igualmente durante sus partidos.

La coletilla ―Silence, plis―, se oía a menudo por megafonía en los recintos deportivos, revelando la falta de rito deportivo del público brasileño en determinadas disciplinas. A la par, la súplica inglesa ―I’m sorry―, fue la jerga más utilizada por los voluntarios para apaciguar los ánimos de las delegaciones, cuando estas se quejaban de los problemas de movilidad, logística, obras inconclusas, la tardanza de los jueces en puntuar determinadas competiciones, gradas vacías, etcétera.

Mientras tanto, aquí en España, RTVE, Teledeporte, El País, y otros medios de comunicación, insistían llamar el espectacular monumento Cristo Redentor, ubicado en el cerro del Corcovado,  como Cristo del Corcovado. En denominar “brasileño” siendo “carioca” (natural de Río). Que en Brasil se habla el inexistente idioma brasileño, y no el portugués. De la misma forma, TVE y Teledeporte, retransmitieron algunas finales esperadísimas, sin avisar al telespectador que eran en diferido.

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Grafiti encontrado en São Paulo durante el Mundial de Fútbol Brasil 2014 / Foto: Jairo Máximo

 LA HISTORIA ILUMINA

Cuando en Zúrich, Suiza, en 2007, Brasil fue elegido por el gris Comité Ejecutivo de la FIFA, para ser sede del Mundial de Fútbol-2014, la economía nacional iba viento en popa. Eran tiempos de bonanza. En seguida, en 2009, en Copenhague, Dinamarca, fue la vez del poderoso COI ―organizador y juez de los Juegos Olímpicos― de anunciar la designación de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos 2016, en detrimento de Chicago, Tokio y Madrid. En su momento, muchas voces críticas colocaron el grito en el cielo por este incomprensible triunfo.

El presidente de Brasil en aquellos momentos era Luiz Inácio Lula da Silva, la estrella del Partido de los Trabajadores, la agrupación de izquierda más grande y poderosa de Latinoamérica. Y el gigante adormecido ―Brasil― era el no va más mundial, fruto de una eficaz campaña gubernamental subliminal: Brasil-maravilla. Incluso, en 2009, el mandatario brasileño fue nombrado “personaje del año”, por el periódico francés Le Monde y el español El País, y “protagonista de década” por el británico Financial Times.

Por entonces, Lula da Silva, presidente de Brasil (desde 2003 hasta 2010), sostenía que la crisis económica que empezó en Estados Unidos, en 2008, y azotó España, Portugal, Grecia, Italia e Irlanda, era “uma marolinha”  (ola diminuta) para Brasil. Con todo, la ola era un oleaje. Pasó factura. Generó una recesión económica sin precedentes, agravada por una grave crisis política, bajo el mandato presidencial de su cachorro sucesor, la recién destituida Dilma Rousseff (2011-2016). Vendieron pan para hoy hambre para mañana.

Hoy en día, el expresidente, sin aforamiento, disfruta de un annus horribilis en el abismo. Tiene un pie en la cárcel. Está acusado de varios delitos ―corrupción pasiva y activa, blanqueo de capitales, obstrucción a la Justicia―, entre otros. La Fiscalía de Brasil le acusa de ser el “comandante máximo” del esquema de corrupción en Petrobras.

No obstante, entre sudor y lágrimas, el “comandante” pregona: “Yo no sabía de nada”. “Soy la viva alma más honesta de Brasil”.  “A popularidad solo me gana Jesucristo”. “Prueben que soy corrupto e iré caminando a la comisaría de policía”.

 ¿Le nombrarán encarcelado del año o década?

Tras el Mundial de Fútbol Brasil-2014, señalados empresarios de altos vuelos y políticos de distintos partidos políticos, pasaron a ser investigados por la fiscalía brasileña, sospechosos de participar activamente en turbios negocios relacionados con la cita futbolística. Idéntico caso es el de los Juegos Olímpicos de Río-2016. Los investigadores ya tienen identificados diversos plusmarquistas del fraude y la corrupción. Oropel para Brasil. Maratón perfecto: poder, corrupción y mentiras.

“Yo solo sé que no sé nada”, Sócrates, filósofo ateniense.

La gente camina frente a 'Etnias' (etnias), una gran pared de la pintada por el artista de graffiti brasileño Eduardo Kobra en Porto Maravilha, en Río de Janeiro, Brasil 01 de Agosto el año 2016

El mural Etnias-Todos Somos Um, de 3.000 metros cuadrados, pintado en Río de Janeiro para Río-2016, es obra del artista brasileño Eduardo Kobra. / Foto: @InstawalkRio

RÍO-TOKIO CON ESCALAS

Los deportistas rusos ―que no fueron excluidos por la Agencia Mundial de Antidopaje de Río-2016 por consumir medicamentos prohibidos por el Código Antidopaje―, desembarcaron en Moscú, y fueron recibidos en el Gran Palacio del Kremlin por el presidente expansionista Vladimir Putin. Los 56 medallistas olímpicos ―18 oros, 18 platas, 19 bronces― han sido agraciados con lujosos coches. Si en la XXI edición del Mundial de Fútbol, Rusia-2018, gana el anfitrión, quizá Putin compre el Balón de Oro para todos los nacionales, incluso los de Crimea.

Al mismo tiempo, en Caracas, Venezuela, el presidente Nicolás Maduro, regaló una vivienda unifamiliar a cada uno de los deportistas participantes de los Juegos Río-2016. Y en España, los 44 deportistas que brillaron en el podio, fueron laureados con conmovedores homenajes en sus pueblos y ciudades natales. España, con 17 medallas ―7 oros, 4 platas y 6 bronces―, terminó en 14º lugar en la clasificación.

En la austera y festiva ceremonia carnavalesca de cierre del Río-2016, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, recogió el testigo de los Juegos Olímpicos, disfrazado de Súper Mario, el ícono japonés de los videojuegos. Los 28 deportes de Río-2016, serán 33 en Tokio-2020. Entran en competición el kárate, el surf, la escalada, el skateboard y el béisbol. La inclusión del kárate es una concesión al deporte de lucha más extendido del mundo, que cuenta con gran solera en Japón.

En el país del Sol Naciente, donde tradición, modernidad y eficiencia imperan, la XXXII Olimpiada será una apuesta al futuro: energías renovables bajo el monte Fuji. Pueden desabrochar los cinturones. Fin de las turbulencias.

En tierra, Tokio-2020, Antigua Edo. ●

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El monte Fuji es el pico más alto de la isla de Honshu y de todo Japón.

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