
Por Rodolfo Omar Romano Sforza
Hay una escena que se repite todos los años por estas fechas: sale un dato del INE, algún diario lo convierte en titular, y ese titular dice más o menos esto: “bajan los divorcios en España”. Y ahí uno respira aliviado, como si el amor patrio estuviera, por fin, sanando.
Pero espere un segundo antes de alegrarse.
Porque esta historia tiene una trampa escondida, y es una trampa bastante simpática: para divorciarse, primero hay que casarse. Y resulta que cada vez hay más parejas -de cualquier género, en cualquier combinación- que arman una vida juntas sin pasar por esa ventanilla.
El amor, ya se sabe, nunca fue muy amigo de los formularios.
Lo que dicen los números, sin vueltas
- En 2025 hubo 80.785 divorcios en España, un 2,7% menos que el año anterior.
- Si sumamos separaciones y nulidades, la cifra total de “matrimonios que se rompieron” llega a 83.683.
- Traducido a algo más humano: por cada mil personas que viven en España, 1,7 se divorciaron ese año.
Son datos sólidos. El problema no es el número. El problema es la pregunta que le hacemos al número.
Las parejas que el Registro no ve
Acá va lo interesante: el INE no tiene un registro de todas las parejas que conviven, casadas o no. Y no es porque no le interese. Es porque es difícil de rastrear. Las parejas que viven juntas sin papeles -sobre todo cuando no tienen hijos- son casi invisibles para cualquier trámite administrativo.
No dejan rastro en ningún lado, salvo en su propia vida cotidiana.
Por suerte existen las encuestas de hogares, que sí se meten dentro de las casas a preguntar. Y ahí aparece otra foto, bastante distinta.
- En 2020, en España convivían 11,3 millones de parejas.
- De esas, 9,48 millones estaban casadas y 1,83 millones no: eran “parejas de hecho”, como se las llama en la jerga legal.
- Eso es un 16,2% del total. Un año antes, en 2019, eran un 15,7%.
Parece poco, pero mire el movimiento: entre esos dos años, las parejas casadas bajaron un 0,9% y las parejas de hecho subieron un 2,5%. No es que todo el mundo se esté escapando del matrimonio en masa. Pero sí hay una tendencia, y es consistente.
Y esas parejas también tienen hijos
Acá la historia deja de ser sobre papeles y pasa a ser sobre familias, que es lo que realmente importa.
- De esos 1,83 millones de parejas convivientes sin casarse, casi 900.000 no tenían hijos.
- Pero más de 900.000 sí: 529.600 con un hijo o hija, 323.900 con dos, y 75.000 con tres o más.
O sea: no estamos hablando de parejas jóvenes que “todavía no se decidieron”. Estamos hablando de familias enteras -con cualquier composición de género entre sus integrantes- que compran o alquilan una casa, comparten la heladera, se turnan para llevar a los chicos al colegio, pagan facturas a medias y arman, con todas las letras, una vida familiar. Sólo que nunca pasaron por el Registro Civil.
Y ahí está la paradoja más bonita de todo este asunto: esa familia puede ser perfectamente visible para el banco, para Hacienda, para el colegio, para el casero… y, sin embargo, para la estadística, es casi un fantasma. Mientras tanto, dos personas que firmaron un papel hace treinta años y ya ni se hablan siguen apareciendo, bien registradas, como matrimonio.
Entonces, ¿qué significa realmente que bajen los divorcios?
Antes de sacar conclusiones, conviene frenar un poco.
- Sabemos que en 2025 los divorcios bajaron un 2,7%.
- Sabemos que el 31,2% de esos divorcios llegó después de veinte años de matrimonio o más, y que la duración media de los matrimonios que terminaron en divorcio fue de unos 16 años.
- Sabemos también que la custodia compartida ya está presente en más de la mitad de los divorcios con hijos menores (50,8%), cuando en 2016 era apenas el 28,4%.
Son cambios reales, y dicen mucho sobre cómo cambió la vida en pareja en España. Pero ninguno de ellos responde a la pregunta de fondo: ¿las parejas españolas son más estables, o simplemente estamos contando cada vez menos parejas a través del matrimonio?
Porque una pareja -sea cual sea su composición- que convive quince años y después se separa, no deja ninguna huella en la estadística de divorcios. No hay sentencia. No hay notario. No hay nada que contar. Y sin embargo probablemente haya una mudanza, cuentas bancarias que separar, un perro que repartirse y, tal vez, dos criaturas preguntando por qué uno de sus padres o madres duerme ahora en otra casa.
Nada de eso queda registrado en ningún lado.
El cambio grande capaz está pasando antes del divorcio
Por eso las parejas de hecho importan tanto en esta historia. Ya en 2020 representaban el 16,2% de todas las parejas convivientes del país. Y hoy, gracias al Censo de 2021, se puede seguir estudiando el fenómeno: cuántas parejas conviven, con o sin hijos, con qué nivel educativo, con qué ingresos, en cualquier combinación de géneros.
Lo que todavía falta es juntar todas esas piezas en un solo gráfico, año a año: matrimonios, parejas de hecho, parejas convivientes sin casarse, nacimientos, separaciones y divorcios, todo junto. Recién ahí se podría empezar a responder la pregunta de verdad.
Porque tal vez en España no se esté divorciando menos. Tal vez se esté casando menos. Tal vez se esté casando más tarde. Tal vez las parejas convivan más años antes de decidir pasar por el Registro Civil -si es que finalmente lo hacen-. O tal vez esté pasando todo eso a la vez.
Un dato correcto puede, aún así, quedarse corto
La estadística de divorcios del INE está bien hecha. Mide exactamente lo que dice medir: las disoluciones matrimoniales formalizadas por sentencia, decreto o escritura pública. El problema nunca estuvo en el dato. Estuvo en la pregunta que le hicimos.
- Si preguntamos “¿cuántos matrimonios se divorciaron?”, la respuesta es 80.785.
- Si preguntamos “¿cuántas parejas se separaron en España?”, ese número ya no alcanza.
- Y si preguntamos “¿cómo está cambiando la familia española?”, ahí hace falta bastante más que un registro de matrimonios.
Quizás la familia, como institución, no esté desapareciendo. Quizás sólo esté cambiando de ventanilla. Durante mucho tiempo, casarse era casi la única forma de decir “somos una familia”. Hoy es apenas una de las formas posibles, entre varias, y ninguna de ellas depende del género de quienes conviven.
El Registro Civil todavía guarda muchos datos importantes
Pero cada vez más vidas compartidas -sean pareja de dos mujeres, de dos hombres, de un hombre y una mujer, o de cualquier otra configuración- parecen haber decidido que para abrir una casa juntos no hace falta golpear esa puerta primero. Y ahí queda la pregunta que ninguna estadística terminó de responder todavía: ¿hay menos rupturas en España, o simplemente empezamos a llamar familia a muchas más cosas que antes?
Fuentes
Instituto Nacional de Estadística — Estadística de Nulidades, Separaciones y Divorcios 2025
INE — Censos de Población y Viviendas 2021
INE — Encuesta de Características Esenciales de la Población y las Viviendas 2021
INE — Encuesta Continua de Hogares 2020
