Por Ramón-Darío Molinary
Como complemento al Desayuno informativo de ACPE del 18 de diciembre en que comparecieron en nuestra sede los presidentes saliente (José Manuel Blecua) y entrante (Darío Villanueva) de la Real Academia Española (RAE) este lunes 16 de marzo los corresponsales hicimos una detenida e interesante visita a las históricas instalaciones de la prestigiosa institución. La que “Limpia, fija y da esplendor” al idioma español, el cual utilizan hoy día para comunicarse cerca de 500 millones de personas en los cinco continentes y de cuya unidad y buen uso se ocupa la RAE. Obra ingente que merece todo respaldo, pero que durante la crisis y época de recortes presupuestarios viene sufriendo el zarpazo de Hacienda.

Imagen de una de las salas de la Academia
La RAE cuenta en la actualidad con cuarenta y seis plazas de miembros de número que ocupan sillas designadas -en mayúsculas y minúsculas- con parte del alfabeto español y que se reúnen cada jueves en el Salón de Plenos. El resto de la semana trabajan en comisiones que estudian enmiendas y adiciones al Diccionario (DRAE) y en la ejecución de los proyectos académicos que abarcan veintidós corporaciones de América, Filipinas y España, estando ya en marcha la creación en África de una Academia en la Guinea Ecuatorial. Sólo dos periodistas ocupan sillas: Juan Luis Cebrián (El País) y Luis María Ansón (ABC/La Razón).
España, generadora de la lengua común, en 2015 sólo cuenta con aproximadamente el 10% de los hispanohablantes esparcidos por el ancho mundo. Pero que guía, a través de la Asociación de Academias (creada en México en 1951), la tarea de las 22 academias que desde 1999 editan conjuntamente obras como la Ortografía de la lengua española, el Diccionario de la lengua española (2001), el Diccionario panhispánico de dudas (2005), el Diccionario práctico del estudiante (2012), el Diccionario de Americanismos (2010)… amén de las ediciones conmemorativas, la Biblioteca Clásica de la RAE y el Corpus de Español del S XXI, abocado plenamente a la era digital.

Algunos de los asistentes a la visita
Pudimos visitar el Salón de Actos en el que los nuevos académicos pronuncian sus discursos de ingreso, así como la gran Biblioteca a la que se suman, en salas separadas, los legados de Dámaso Alonso y Antonio Rodríguez Moñino, de excepcional valor histórico.
