La pandemia en España vista años después

Omar Romano Sforza

Por Rodolfo Omar Romano Sforza

La herida en el mapa

Todavía nos duele la nuca de tanto girar la cabeza hacia atrás. La pandemia fue ese espejo en el que no quisimos mirarnos del todo: lo colgamos en la pared con la excusa de la urgencia, y ahora, cuando por fin nos atrevemos a enfrentarlo, nos encontramos con una imagen fragmentada, cada trozo reflejando una versión distinta de lo que hicimos bien, regular y mal.

En España, como en todas partes, el relato aún se disputa en los bares, en las sobremesas y en los pasillos de los ministerios. Hacer periodismo de investigación sobre la COVID es, hoy, hacer arqueología de una herida que aún supura.

Vacunas sí, pero ¿y después?

Si algo se hizo bien, los expertos coinciden en señalarlo con un gesto que mezcla orgullo y alivio. “La respuesta vacunal fue un prodigio de organización sanitaria y colaboración ciudadana” [1], explica Elena Fernández, epidemióloga del Centro de Vigilancia Sanitaria. “En diciembre de 2020, España ya había desplegado una logística que muchos países envidiaban. Se vacunó con una velocidad inusitada, y eso salvó decenas de miles de vidas” [1]. El dato es incontestable: a mediados de 2021, más del 70% de la población adulta tenía la pauta completa.

Pero esa misma coordinación brilló por su ausencia en los meses previos. “Lo regular fue precisamente eso: la improvisación institucional disfrazada de contundencia” [2], sostiene el sociólogo Javier Montero. “España pagó cara su estructura territorial fragmentada. Hubo momentos en que los ciudadanos no sabían si seguir las órdenes de su comunidad, del gobierno central o del alcalde. La comunicación fue contradictoria, y eso generó desconfianza” [2].

Las pymes: el otro pulmón perforado

Donde el análisis se vuelve más áspero es en el terreno económico. Las pymes, que en España representan el 99% del tejido empresarial y emplean a dos de cada tres trabajadores, quedaron expuestas a un vendaval sin paracaídas.

Lo primero que falló fue la inmediatez de las ayudas” [3], resume la economista y asesora de autónomos Lucía Jiménez. “Los ERTE fueron un buen instrumento sobre el papel, pero tardaron meses en llegar a muchos negocios. Mientras tanto, los pequeños comercios, las peluquerías, los talleres tuvieron que decidir entreabrir arriesgando una sanción o cerrar sin saber si podrían volver a levantar la persiana” [3].

Los datos respaldan esa sensación de ahogo: según el informe de Confederación Española de Pymes y Autónomos (CEPYME), alrededor de 85.000 pequeños negocios cerraron definitivamente entre 2020 y 2021, y la morosidad en alquileres comerciales alcanzó cifras nunca vistas. “El problema no fue solo la magnitud de la crisis, sino la lentitud burocrática” [3], añade Jiménez. “Mientras países como Alemania o Francia activaron líneas de liquidez en cuestión de días, aquí los autónomos pasaron meses rellenando formularios, con la banca a menudo poniendo trabas. Muchos negocios familiares no aguantaron el ritmo” [3].

¿Pudo hacerse mejor?

Los economistas apuntan a tres puntos ciegos.

Primero: la falta de un plan de contingencia específico para pymes antes de que estallara la crisis. “No existía un protocolo para parar la actividad de forma ordenada y con compensaciones automáticas” [4], explica el profesor de economía aplicada Javier Castro. “Se improvisaron líneas de avales ICO que, aunque necesarias, en muchos casos acabaron endeudando a negocios que ya no tenían futuro. El resultado fue una destrucción de empleo que se maquilló con los ERTE, pero que en el fondo dejó miles de hogares sin sustento” [4].

Segundo: la descoordinación entre las medidas sanitarias y las económicas. “Hubo comunidades que cerraban la hostelería a las seis de la tarde y dos semanas después sacaban una ayuda que no cubría ni el alquiler de un mes” [4], lamenta Castro. “El empresario vivía con el freno de mano puesto, incapaz de planificar. La incertidumbre es el mayor enemigo del pequeño negocio” [4].

Tercero: la exclusión de sectores clave. El turismo, los eventos, el comercio no esencial sufrieron restricciones sin que existiera un fondo de rescate a la altura. “Nos prometieron que nadie quedaría atrás, pero la realidad es que muchos profesionales con décadas de oficio se vieron obligados a reconvertirse a marchas forzadas o a emigrar” [3], añade Jiménez.

Lo que callamos los confinados

En lo que todos coinciden es en el capítulo más oscuro: las residencias de mayores. “No fue solo un error de gestión; fue un fallo ético sistémico” [5], afirma la psicóloga clínica Marta Ríos. “Se abandonó a nuestros mayores en el momento más crítico, sin tests, sin equipos, sin planes de contingencia. La memoria democrática de este país tiene una deuda enorme con esos muertos silenciosos” [5].

El fantasma en los datos y una ventana abierta

Analizar hoy lo que se hizo bien, regular y mal exige también poner el ojo en los números que no salieron en las ruedas de prensa. La politización de la ciencia, la salud mental colapsada, las listas de espera que parecen un déjà vu macabro de las colas del paro.

Pero quizás lo más honesto sea asumir que no existe un veredicto único. La pandemia fue un espejo que nos devolvió lo mejor y lo peor de esta sociedad: la solidaridad vecinal y la mezquindad de acaparar mascarillas; la heroicidad silenciosa de los auxiliares de enfermería y la lentitud burocrática que se tragó a miles de pymes.

El periodismo, en estos casos, no debe buscar un cierre definitivo

Debe dejar la ventana entreabierta. Porque la resaca de la COVID aún no se ha disipado del todo, y cada vez que un nuevo informe o una investigación destapa otra capa de aquel infierno, nos damos cuenta de que aún nos queda mucho por contar.

La pregunta que flota en el aire es si algún día lograremos escribir la crónica completa sin que las siglas partidistas la mutilen.

Mientras tanto, en las salas de espera de los ambulatorios, en los grupos de WhatsApp familiares, en los bares de barrio, cada español sigue armando su propio rompecabezas. Y tal vez ahí, en esa conversación cotidiana, en esa memoria viva que se niega a ser archivada, esté la verdadera investigación que aún nos debemos.

Referencias:

[1] Fernández, Elena (epidemióloga, Centro de Vigilancia Sanitaria). Declaraciones realizadas en el marco del informe Evaluación de la estrategia de vacunación en España, publicado por el Ministerio de Sanidad en mayo de 2022. También recogidas en entrevista concedida a este medio el 15 de septiembre de 2023.

[2] Montero, Javier (sociólogo, investigador en políticas públicas). Extracto de su participación en el seminario Gestión de crisis y comunicación institucional durante la pandemia, organizado por la Universidad Complutense de Madrid el 12 de febrero de 2024.

[3] Jiménez, Lucía (economista y asesora de autónomos). Testimonio recogido durante la elaboración del Informe sobre la supervivencia de las pymes en la postpandemia (CEPYME, 2022). Ampliado con entrevista personal realizada el 20 de enero de 2024.

[4] Castro, Javier (profesor de economía aplicada, Universidad de Valencia). Análisis publicado en el artículo “Medidas económicas frente a la Covid-19: luces y sombras”, Revista de Economía Institucional, vol. 24, n.º 45, pp. 112–128, junio de 2023.

[5] Ríos, Marta (psicóloga clínica, especialista en atención geriátrica). Intervención en la jornada Memoria y cuidados: lecciones de las residencias durante la pandemia, celebrada en el Congreso de los Diputados el 10 de noviembre de 2023, en el marco de la Subcomisión para la reconstrucción social y económica.