El futuro de los MEDIOS

                           Discurso pronunciado por Martin Baron, director del Washington Post  en la Universidad de Navarra.

2017

El futuro de los medios de comunicación tradicionales

 

 

 

 

Gracias a Pilar Velasco, María del Pino, Mónica Herrero, a la Fundación Rafael del Pino, a la Universidad de Navarra y a todos ustedes por invitarme a esta conferencia y a esta ciudad, que me encanta.

Afortunadamente, he tenido la oportunidad de visitar Madrid varias veces y de recorrer una gran parte de este lindo país, viajando desde Cádiz hasta Valencia, a Granada, a Santiago de Compostela… Una vez me quedé en Sevilla para estudiar con intensidad el castellano y los madrileños me dijeron que debido al acento sevillano fue como si estuviera estudiando inglés en Irlanda.

En esta ocasión, la Universidad de Navarra me ha dado la ocasión de abordar el tema del futuro del periodismo, una profesión a la cual he dedicado cuarenta años; los últimos diecisiete a la dirección de periódicos en las ciudades de Miami, Boston y Washington. Me siento muy agradecido a la Universidad por la invitación y por haberme permitido huir durante un rato del ambiente venenoso de mi propio país.

 

Parece que ese ambiente no se va a desvanecer próximamente. Las elecciones estadounidenses han sido un terremoto, y los periodistas en el Washington Post y en otros medios se preparan para cubrir un cambio sísmico en la política de nuestro país, y un presidente que hizo de la animosidad contra la prensa un punto central de su campaña. Durante toda mi carrera como director de periódicos me he enfrentado a muchos retos, y a lo largo de los años los retos han seguido creciendo. No importa lo que hayamos hecho hasta ahora; seguimos luchando contra las dificultades que han socavado la fundación de nuestra industria. Es sumamente importante que las superemos si queremos asegurar el futuro no solamente de nuestra profesión sino de la libertad de expresión. Este es el tema de mi charla.

Como saben todos, en Estados Unidos acabamos de elegir un nuevo presidente. Me siento muy orgulloso, porque en Estados Unidos tenemos una democracia que permite a los ciudadanos elegir quién quieren que sea su líder. No me gustaría que fuera de otro modo, y de hecho no se me ocurre un sistema mejor. Los votantes sopesaron la información que tenían y tomaron su decisión en un proceso que merece todo nuestro respeto, y espero que consigamos entablar relaciones normales con el presidente y su administración, ahora que la campaña sísmica ya ha terminado.

Nuestro papel como organización periodística es ser honestos, justos, directos y siempre independientes en nuestra cobertura de los acontecimientos, y tenemos que cumplir el primer principio que estableció el Washington Post hace varias décadas: decir la verdad de la forma más fiel posible.

Aun así, muchos de los que trabajamos como periodistas en los Estados Unidos sabemos que nuestro presidente presentó un reto para nuestra profesión. Un gran reto, uno más, en un campo ya lleno de desafíos. Nuestro papel es virtuoso, porque el presidente describe nuestra profesión como una profesión vil. La división entre nosotros parece enorme. La prensa en Estados Unidos consiguió sus derechos constitucionales a partir de una idea muy atrevida: que los que gobiernan deben rendir cuentas ante el pueblo al que sirve, y que la prensa desempeña un papel esencial a la hora de hacer al Gobierno rendir cuentas.

Thomas Jefferson, autor principal de la Declaración de Independencia de Estados Unidos y tercer presidente de Estados Unidos, dijo en una frase que se hizo célebre: “Si yo tuviera que decidir si hemos de tener un Gobierno sin periódicos o periódicos sin Gobierno, no dudaría ni un momento en elegir lo segundo”.

Es una apuesta segura decir que nuestro presidente actual no diría nada parecido. Durante su campaña no ha dejado de criticarnos. Ha intentado quitarnos toda la legitimidad e incluso deshumanizarnos. Ha descrito la prensa como “horrible”, “lo peor de lo peor”, “la forma de humanidad más baja” e incluso “la peor forma de vida”. Durante su campaña incluso llamó a los medios de comunicación “su enemigo”, y en una fiesta de fin de año nos llamó “basura”. En su primera rueda de prensa después de las elecciones dijo que la CNN sólo daba noticias falsas y en su visita a la CIA en su primer día como presidente hizo un ataque total y frontal a la prensa, describiéndonos como “deshonestos”.

Tristemente, hemos visto que ha habido recortes de la libertad de expresión en todos los lugares del mundo: en China, en Rusia, en Hungría, en Venezuela, en Turquía, en Polonia y en tantos otros países, y por eso en Estados Unidos tenemos que estar vigilantes para no perder los derechos que tenemos la suerte de haber heredado y que han inspirado a los ciudadanos de tantas naciones.  Una administración hostil va a representar un gran desafío para los medios estadounidenses, pero no es sino uno más de los retos a los que nos enfrentamos hoy en día los periodistas. Nosotros, los medios de comunicación, debemos enfrentarnos a cada uno de esos retos y desafíos si queremos garantizar nuestra supervivencia y asegurarnos un futuro seguro para la libertad de expresión. No hay una democracia sana sin una prensa libre e independiente.

Nuestras luchas son, en mi opinión, luchas que deberían preocupar a todos los ciudadanos de países democráticos, a todas las personas que consideran el libre intercambio de ideas e información y la búsqueda genuina de la verdad como algo fundamental para la dignidad humana y para tener una sociedad civil que realmente funcione.

 

 

 

Por eso me gustaría utilizar esos comentarios de hoy para hablar de tantos retos y desafíos. Es importante considerar cuánto han cambiado las cosas en nuestro sector y en nuestra profesión en menos de dos décadas. Las conexiones de banda ancha estaban comenzando en 2001; la penetración de banda ancha estaba muy limitada entonces; no había vídeo ni audio; no había aplicaciones móviles; se podían compartir pocas fotos… Y muchas de las cosas que hoy damos por sentadas no estaban ahí. Google no había salido a bolsa –de hecho no lo hizo hasta 2004–; las redes sociales no existían, o al menos de forma importante; Facebook no se fundó hasta el año 2004; Twitter no se fundó hasta el año 2006; YouTube no se fundó hasta el año 2005. A principios de este siglo nadie esperaba poder obtener la información que quisiera en cualquier lugar, en cualquier momento, y en un dispositivo que se pudiera meter en el bolsillo. El iPhone no se lanzó hasta hace solamente una década. En los últimos doce o quince años hemos presenciado prácticamente todos los avances tecnológicos que han cambiado –si no acabado– con los medios tradicionales. Y ni siquiera he mencionado cosas más recientes como Snapchat, o Instagram, o bots, o la inteligencia artificial, ni tampoco el vídeo de 360º y la realidad virtual.

Los cambios en los próximos años se seguirán produciendo, y a mayor velocidad. Y ahora deberíamos pensar que quizá nuestra profesión debería celebrar su supervivencia. Pero en muchos casos hemos sobrevivido a duras penas. Ciertamente no hay lugar para autocomplacencia y satisfacción, y todo esto me lleva a una conclusión: estamos en una sociedad digital, y por lo tanto tenemos que adaptarnos, y no sólo adaptarnos, sino que tenemos que abrazar el cambio. Porque no solamente estamos en una sociedad digital, sino en una sociedad móvil.

Un 80% de los adultos sobre la faz de la Tierra tendrán un teléfono inteligente de aquí al año 2020; o sea, dentro de sólo tres años. Internet, casi de la noche a la mañana, ha dado lugar a un nuevo medio que está conduciendo a un nuevo tipo de periodismo. Igual que la radio llevó a un nuevo tipo de periodismo y la televisión llevó a otro tipo de periodismo, lo mismo con Internet.

Cuando llegó Internet, nuestro sector reaccionó como si nada hubiera cambiado en lo fundamental: considerábamos que Internet era sólo un nuevo canal donde exhibir nuestro trabajo. Pero esto no es aceptar el cambio. De hecho, creo que ni siquiera fuimos capaces de  entenderlo.

Hoy debemos reconocer de una vez por todas a qué nos enfrentamos, y creo que lo tengo que repetir: estamos hablando de un nuevo medio de comunicación totalmente diferente. Están surgiendo nuevas formas de contar historias: historias y noticias tipo conversación, más accesibles. Es como si hablara a un amigo o a un familiar. Y con este nuevo medio la voz y la personalidad del autor se hacen más evidentes y parecen más auténticas. Y de hecho lo es, es más auténtico. Es lo que quieren los lectores. Hoy las noticias pueden reflejar todo el poder de las herramientas que manejamos: vídeo, vídeo 360º, redes sociales, animaciones, audio, documentos originales, anotaciones a documentos, etc.

Creo que la dirección de nuestra profesión está clara. Sin embargo, muchos periodistas siguen resistiéndose a aceptar lo que exigirá el futuro. Siguen aferrándose al pasado, sólo piensan en lo que pierden. Y por lo tanto están de duelo. Y por eso, creo que es fútil y contraproducente resistirse a estos cambios que se están produciendo en nuestra profesión.

 

Así, pues, ¿qué podemos esperar de nuestra profesión? En primer lugar, las tecnologías móviles dominarán. Y es natural la proliferación de teléfonos inteligentes. La gente, en su tiempo libre, mira su teléfono. Algunos de usted, probablemente, estarán mirando la pantalla de sus teléfonos en este momento. Incluso la mayoría. Muchas empresas de capital riesgo no financian un producto digital a menos que sea móvil.

Las empresas periodísticas, por tanto, deben concentrarse en la experiencia móvil. Las redes sociales van a cambiar la manera en que la gente recibe noticias y el tipo de noticias que reciben. La gente no considera que sea su deber buscar noticias o información, ni consideran que sea necesario. Esperan que las noticias los encuentren a ellos en redes sociales. Las redes sociales son el lugar donde la gente se comunica, y por tanto los medios de comunicación debemos conocer y comprender las redes sociales de forma íntima, porque van a ser esenciales para difundir nuestras noticias a millones de personas. Por otra parte son vitales para otra actividad que es fundamental en un medio de comunicación: escuchar. Si realmente queremos saber lo que piensa la gente debemos escuchar mejor y con mayor frecuencia. Si queréis escuchar lo mejor es ir donde va la gente.

 

Es imposible decir hoy cuáles serán las grandes cabeceras que seguirán existiendo en el futuro. Con una buena idea y una buena ejecución pueden surgir nuevas empresas periodísticas en el futuro, y de hecho es lo que está pasando. Buzzfeed fue fundada en el año 2006, el Huffington Post en el año 2005, y hoy son actores muy importantes del mundo del periodismo.

También a través del capital riesgo se están creando otras marcas, y algunas de las viejas marcas se enfrentan a sus propios retos. Por ejemplo, en el Washington Post. Hace un año, superamos al New York Times en visitas a nuestras plataformas digitales, y nuestro crecimiento mensual fue de un 70% año tras año. Hoy estamos más o menos a la altura del New York Times, con ciento siete millones de visitas mensuales a nuestra página web sólo en Estados Unidos.

Por otra parte, las tecnologías avanzadas van a ser claves para nuestro éxito. Tenemos que ser líderes. Si quedamos rezagados tecnológicamente acabaremos perdiendo. Los medios de comunicación necesitan expertos en tecnología en su personal. Tendremos que crear nuevos productos atractivos para lectores y anunciantes, y tendremos que hacerlo rápidamente. Tenemos que responder casi instantáneamente a acontecimientos como la realidad virtual o el vídeo 360º, y nuevos productos como Amazon Echo, un sistema que puedes controlar con la voz para recibir música, información, ver el tiempo, etc.

De forma rutinaria nos tendremos que asociar con Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, Apple y muchas otras redes que luego surgirán. Y tendremos que crear alianzas tecnológicas entre nuestras empresas y dentro de nuestras propias empresas. En el Washington Post tenemos una relación muy estrecha entre redacción e ingeniería. Docenas de ingenieros trabajan en nuestra redacción mano a mano con los periodistas. Tenemos que trabajar de forma más inteligente, y para eso la tecnología es clave.

Lo que acabo de describir es la dirección que hemos decidido seguir en el Washington Post desde que nos adquirió Jeff Bezos, fundador como saben de Amazon. Jeff Bezos inmediatamente reorientó la estrategia del Washington Post, decidió que ya no íbamos a ser una organización de noticias centrada sobre todo en nuestra región, pensó que teníamos que ser un medio nacional e internacional, y que necesitábamos hacernos grandes rápido. Internet ha privado a nuestro sector de muchas cosas. Entre otras, la seguridad de un sector en el que era muy caro entrar porque era necesario papel, tinta, prensas, camiones… pero por otra parte también la nueva tecnología nos ha regalado cosas nuevas como por ejemplo la posibilidad de conseguir una gran distribución de nuestro trabajo a cero coste. Por tanto, si Internet nos ha hecho tanto daño, por qué no aprovecharnos también de las ventajas que puede ofrecernos.

Nosotros en el Washington Post hemos adoptado muchas medidas para transformar nuestra redacción. Hemos creado un personal que trabaja 24 horas al día haciendo un barrido de otros medios intentando escribir de un modo más informal, más cercano, que funciona muy bien en Internet. Este personal trabaja de las 10 de la noche a las 6 de la mañana, por tanto tenemos muchas noticias interesantes que ofrecer a nuestro público cuando se levantan por la mañana. Por lo tanto tenemos muchas historias nuevas que ofrecer a nuestros lectores cuando se despiertan. Este equipo ha sido responsable de la segunda noticia más popular que publicamos el año pasado, sobre una mujer en Australia que apareció en su propio funeral para sorprender a su marido, que había pagado para que la mataran. Búsquenla, es complicada la historia pero alucinante.

Hemos creado también de un equipo de noticias que trabaja durante el día, y que se ocupan de primicias en cualquier área, pero sobre todo se encargan de buscar historias y noticias para iniciar conversaciones en redes sociales. Noticias que a lo mejor han podido pasar desapercibidas. Ese equipo fue el que publicó la tercera noticia más popular del año pasado. Una serie de testigos vieron cómo un nadador de la Universidad de Stanford intentaba violar a una mujer detrás de unos cubos de basura. Cuando fueron a los tribunales, ella se enfrentó al nadador y le dijo “me has quitado mi intimidad, mis energías, mi tiempo, mi confianza, mi privacidad, mi voz. Hasta hoy”.

Hemos creado muchos blogs orientados a noticias para cubrir distintos temas como medio ambiente, defensa, cultura de Internet, cómo ser padres, vida espiritual, cultura pop, animales, y muchos otros temas. En cuanto a ser padres, el artículo más popular del año pasado era cómo educar a niños más amables en base a la ciencia. Y en el blog de la cultura de Internet uno de los artículos más populares fue el de una persona de 30 años que se ganaba la vida publicando noticias falsas que luego se viralizaban en Facebook. Él declaró, “creo que Donald Trump ha llegado a la Casa Blanca gracias a mi”. Hemos añadido recursos para blogs que ya existían antes y que ya habían tenido mucho éxito, como por ejemplo algunos centrados en política, en economía, en asuntos internacionales.

La sección de opinión del periódico refleja también ahora el estilo de Internet. Los escritores y articulistas de opinión no esperan a que se les pida su opinión sino que escriben de forma inmediata en cuanto hay interés por un tema. También hemos creado el horario que llamamos ideal para publicar historias en la era Internet. Hemos pedido a todos los departamentos que publiquen al principio del día, cuando hay más lectores. Esto ha llevado a un cambio importante: en lugar de seguir los horarios típicos de un periódico, que hacen que la mayor parte de las noticias se preparen por la noche para ser publicadas por la mañana, ahora se editan por la mañana. Hemos contratado a más gente que ayuda a difundir estas noticias en redes sociales, para añadir el factor social a nuestro artículos. Y no sólo hemos trabajado con Facebook y Twitter sino con otros menos evidentes.

Y hemos mejorado también nuestras newsletters. La manera en que son diseñadas y redactadas o cuándo enviamos estas newsletters. Porque pensamos que pueden ser una fuente importante de tráfico. Y pueden permitir a los lectores dirigirse directamente a la noticia en lugar de tener que pasar por Google, Facebook o Twitter. También trabajamos a través de alertas que llegan al correo electrónico. Nuestro objetivo es ser los primeros cuando surge cualquier noticia.

Nuestro departamento de ingeniería ha elaborado una herramienta que nos permite probar con diferentes titulares, fotografías y resúmenes al mismo tiempo. Y  la que mejor funciona es la que se hace llegar a los lectores automáticamente. Nuestro departamento de Ingeniería ha desarrollado también una herramienta que utiliza Big Data para personalizar las recomendaciones sobre qué artículos adicionales pueden interesar a los lectores.

Con ellos también hemos desarrollado lo que llamamos la Red de Talentos del Washington Post. Como saben, hay muchos periodistas en el paro, con poco trabajo o que se han jubilado anticipadamente, pero que quieren seguir trabajando. Con lo cual hemos creado una red online que nos da acceso a periodistas, fotógrafos y videógrafos de todos los Estados Unidos y del mundo para que colaboren con nosotros. Hoy tenemos 2.900 periodistas de todo el mundo que forman parte de esta red de talentos. Eso nos ha ayudado a cubrir, por ejemplo, algunos casos de asesinatos masivos en Estados Unidos, como el del año pasado en la discoteca de Florida en el que murieron 49 personas. También atentados terroristas en el extranjero, como el de Niza en el pasado mes de julio, donde fallecieron 84 personas. Estos periodistas llegan a la ubicación rápidamente y nos envían las noticias instantáneamente. Y una cosa muy interesante es que tenemos periodistas independientes de Estados Unidos y del resto del mundo que se dedican a buscar las historias y proponen escribir artículos para nosotros. Cuando la gran sequía asoló al Sur de California, un freelance escribió que la gente estaba ignorando las recomendaciones del Gobierno de utilizar menos agua. Estaban consumiendo tanta agua como querían. Y un propietario rico dijo “a la gente no hay que obligarle a vivir en una casa con el césped marrón o en un campo de golf que no tiene el césped verde”. Parecía que no todos somos iguales cuando hablamos de agua, ¿verdad? Se pueden imaginar el enfado de los lectores…

Lo que intentamos es aumentar el tráfico y que los lectores se pasen más tiempo leyendo nuestras historias y creando una mayor lealtad con el Washington Post. Y lo cierto es que ha sido una historia de éxito. El tráfico online ha llegado a 107 millones de visitantes únicos al mes en Estados Unidos. Las suscripciones han aumentado muchísimo. Los lectores pasan más tiempo leyendo nuestros artículos, y en el año 2016 tuvimos un año muy positivo. Fue el primer año rentable en mucho tiempo.

Estos resultados han sentado la base para invertir más en la redacción en el año 2017. En un momento de recortes en tantos medios periodísticos, este año vamos a contratar a cinco docenas de periodistas más. Nuestro equipo de vídeo va a crecer drásticamente. Vamos a crear un equipo de investigación rápida. Y vamos a mejorar nuestra capacidad para cubrir primicias a cualquier hora del día o de la noche, siete días a la semana.

Con frecuencia me preguntan si soy optimista con respecto a nuestra profesión. Y siempre digo que sí, y diré por qué. Las nuevas formas de narrar historias están demostrando que tienen éxito para conectar con los lectores. Gráficos, vídeos, etc. Todo esto puede hacer que la narración sea más vívida, incluso más creíble porque significa que podemos mostrar, no sólo contar. Las presiones sobre nuestro sector nos obligan a prestar cada vez más atención sobre nuestros clientes, lo cual creo que es algo bueno. El trabajo que hacemos debe tener eco en un público que por lo general es impaciente, fácil de distraer y que se aburre fácilmente. Y esto no solamente se puede hacer con historias cortas, ni tampoco con videoclips. Muchas veces los artículos largos también pueden atraer la atención de los lectores y mantenerla. Pero hay que escribirlos de una manera atractiva, presentándolos en un formato que realmente tenga en cuenta cómo consume hoy la gente la información. Todo lo que hacemos debe convencer a la gente que realmente merece la pena que nos dediquen su tiempo y su atención.

Me anima mucho también lo que veo en la nueva generación de periodistas. Personas que vienen con las cualificaciones necesarias, capaces de pensar bien, escribir bien; gente brillante, con energía, con entusiasmo, a las que les encanta lo que se puede lograr con el periodismo y que entienden el papel vital del periodismo en la sociedad, y son conscientes de que hay nuevas formas mucho más eficaces de contar historias utilizando todas las herramientas potentes que tenemos hoy a nuestra disposición. Estos jóvenes periodistas son auténticos nativos digitales y están decididos a hacer que el periodismo sea atractivo para la gente de su generación, y por eso me siento muy agradecido. También me anima la experimentación que veo en nuestro campo. Nadie puede decir que ha encontrado la cura mágica a todas nuestras enfermedades y aflicciones, pero con la experimentación podemos encontrar pistas e indicios sobre cómo avanzar hacia el futuro.

Tenemos que reinventarnos, pero en todo momento debemos recordar las cosas que permanecen. Sin buenas ideas para escribir buenos artículos, sin contar bien las noticias, sin escribirlas bien, sin ejecutar el periodismo de la mejor forma posible, no tendremos éxito. No sobreviviremos. Todas las tecnologías del mundo no pueden sustituir un buen periodismo; un periodismo que informa a la comunidad, que informa al país y que constituye la base de la sociedad civil y del gobierno democrático. Hay una cita de nuestro propietario, Jeff Bezos, que dijo: “Está claro que no nos haríamos ningún favor si sólo pensáramos en los beneficios, en el negocio, y nos olvidáramos de nuestra misión. Por eso creo que los emprendedores hacen mejores productos. Un emprendedor es una persona que no solo se preocupa del negocio, por supuesto que tiene que haber negocio y que tiene que haber beneficios, pero eso no es lo importante. Lo importante es hacerlo porque tienes algo importante que te motiva”.

Todos los periodistas auténticos tienen algo importante que les motiva, que es nuestra brújula. En el centro de nuestra misión está el periodismo, que hace rendir cuentas a las instituciones poderosas y a los individuos. Tenemos la obligación de decirle la verdad al poder, y los poderosos de nuestro mundo no deben suprimir nunca nuestra voz.

Hoy la verdad se está viendo asolada por otras cosas, incluso los datos más básicos se ven cuestionados. Internet está en el centro de todos estos cambios. Internet puede ser una fuente información muy buena, puede permitir la libertad de expresión, pero también puede permitir que esa libertad de expresión se convierta en un mundo oscuro de falsedades y teorías conspiratorias que se pueden difundir instantáneamente a millones de personas entre las cuales habrá muchos inclinados a creerlas.

Vivimos en un mundo donde los consumidores de información tienen opciones ilimitadas. Eso es bueno. Pero a la hora de elegir, mucha gente se decanta por medios de comunicación, con ciertas inclinaciones ideológicas, que nos les cuentas la verdad y los lectores ponen en tela de juicio. Al final muchos de esos lectores y esos espectadores reciben datos que son falsos.

Muchos medios con ciertas ideologías han llegado a decir que Bin Laden no fue responsable de los atentados del 11 de septiembre. Dicen que fueron los judíos. Otros dicen que el presidente, el expresidente de Estados Unidos, no nació en Estados Unidos, cuando toda la evidencia demuestra que nació en Estados Unidos y no hay ninguna evidencia de que no fuera así. Sin embargo, una quinta parte de los americanos lo piensan, a pesar de que Obama nació en Hawaii. Y un 29% piensa que es musulmán, a pesar de que es cristiano.

Un presentador de radio, que también tiene una página web muy popular -y que por cierto, ha sido elogiado por Donald Trump- difundió la idea de que algunos asesinatos masivos en Estados Unidos quizá habían sido recreados por el gobierno. Por ejemplo, en un caso en el que murieron 20 niños y 6 adultos en una escuela en Connecticut, dijeron que era una falsedad que se habían inventado, que la habían fabricado. Él decía que las imágenes que se habían emitido de los asesinatos, eran totalmente falsas y que eran actores. Los padres de un niño de 7 años, que había muerto en esa escuela, hablaron del acoso que habían recibido de esas personas que creían esas historias de conspiración. Les acusaban de haber participado en una escenografía falsa orquestada por la Administración Obama. Ellos dijeron: “El haber perdido a nuestro hijo es una pena que no le deseamos a nadie; sin embargo, hemos visto que hay gente en la sociedad que carece de empatía por el sufrimiento de los demás. Hay gente que considera que nuestra tragedia no fue real, y que nos acusa de ser agentes del gobierno, que estamos representando nuestra pena y mintiendo sobre nuestra pérdida”.

Durante la campaña presidencial, la hija de un director de colegio que  fue asesinado le pidió a Trump que denunciara a este presentador de radio. Ella escribió: “No podemos normalizar este comportamiento que niega los hechos”.

Según otra teoría de conspiración que circuló muchísimo, Hillary y su director de campaña, estaban operando una pizzería con mano de obra infantil donde había tráfico sexual y, según ellos, utilizaban palabras en clave y de esa manera difundían esta red de favores sexuales. A principios de septiembre del año pasado, un hombre condujo desde North Carolina a Washington D.C. con un rifle, y entró en ese restaurante, en esa pizzería para investigar él mismo los delitos que se estaban cometiendo allí. Disparó varias veces, afortunadamente no mató a nadie, y dijo que se había llevado el rifle para rescatar a los niños. Incluso después de este incidente, muchos votantes de Trump pensaron que, en esos emails que se habían publicado del Partido Demócrata, revelaban en palabras codificadas el tráfico sexual.

Nuestro nuevo presidente dijo también durante su campaña que miles de musulmanes en New Jersey celebraron públicamente la caída de las torres del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, cuando eso no pasó.

También afirmó de forma falsa, después de las elecciones, que millones de personas habían votado de forma ilegal. Como ustedes saben, Donald Trump no ganó el voto popular en las urnas. Hillary Clinton ganó, por casi 3 millones de votos. Trump ganó por lo que es conocido como el voto del ‘colegio electoral’, que es como nosotros seleccionamos a nuestro presidente. El ganador de cada estado se lleva todos los votos electorales de ese estado. Trump ganó por un total de 80.000 votos en tres estados – Pennsylvania, Michigan, y Wisconsin – otorgándole una clara mayoría en votos electorales.

Trump argumentó en Twitter que él hubiera ganado el voto popular sin las millones de personas que votaron ilegalmente. En su lugar, nadie tiene evidencias de un fraude electoral en la elección presidencial. A pesar de eso, 6 de cada 10 personas que votaron a Trump creen que millones de votos ilegales fueron emitidos. Incluso un cuarto de votantes de Hillary lo aprueba.

La periodista Masha Gessen hizo una valoración muy buena de todo esto el mes pasado: “Cuando Trump repetidamente hace falsas declaraciones, no solo está diciendo cosas que fácilmente se puede demostrar, sino que además está asumiendo el control de la realidad.” El propósito es, según esta periodista, “ejercer el poder sobre la verdad”.

El pasado sábado, el secretario de prensa del presidente declaró falsamente que la multitud que acudió a la toma de posesión de Trump fue superior que incluso la de Barack Obama en 2009; y llamó a la prensa basura por contar que no había sido así. Todas las evidencias muestran que la prensa contó, fielmente, que no era verdad lo que decía el secretario de prensa.

Puede que sea prematuro para juzgar, pero no es sorprendente que la gente reaccione inmediatamente en Internet con referencias a George Orwell y, en particular, a esa frase de su libro “1984”: “El partido te ha dicho que rechaces las evidencias que ves con tus ojos y oyes con tus oídos. Ese es el mayor mandato y el más importante”.

Desgraciadamente, el fact-checking por parte de los medios no sirve de nada porque la confianza en los medios es muy baja. La confianza en los medios de comunicación ha caído junto con la confianza en muchas otras instituciones. Pero nuestro ranking, el de la prensa, es el peor.

La confianza de los americanos en los medios de comunicación “para informar fielmente, de forma precisa y de manera independiente” está en su nivel más bajo en la historia. Solo un 32% dice tener una gran confianza en los medios de comunicación, bajando 8 puntos en comparación con el año pasado, y 25 con respecto a 1999. La desconfianza entre los republicanos es mucho mayor. Las cifras eran ya malas antes de las elecciones. Pero después de los ataques de Trump a los medios, la confianza de los republicanos en los medios bajó a 14%, de un 32% en el año pasado. Ese es el nivel más bajo de desconfianza entre los republicanos desde hace dos décadas.

Somos objeto de sospecha, y nuestro trabajo se enfrenta a la resistencia y el rechazo. Teorías de conspiración y falsedades pronto encuentran un hueco, y se hacen con él.

Los políticos y ciertas páginas webs ideológicas utilizan ahora el término “noticias falsas (fake news)” como arma contra las noticias reales percibidas como una amenaza contra su agenda.

Los servicios de inteligencia estadounidenses puede que estén de acuerdo en que Rusia ha interferido en las elecciones, pero la derecha lo niega diciendo que son noticias falsas de izquierdas. Un conocido presentador de radio sostiene que en los Estados Unidos “las noticias falsas son la noticia de todos los días” en los medios de comunicación.

El periodismo, como cualquier otra profesión, es imperfecta. Los errores están ahí. Pero incluso los grandes fallos que se producen en los medios que se esfuerzan en buscar los hechos, son completamente diferentes a los que publican deliberadamente pura ficción.

Con muchas teorías conspiratorias e información falsa en Internet y en cualquier otro lugar – y con mucha información conflictiva- mucha gente se está quedando sin ninguna idea de lo qué creer. La opción más fácil es la de creer lo que uno quiera. Todo esto tiene un efecto corrosivo.

¿Cómo podemos tener una sociedad civil fuerte cuando no podemos estar de acuerdo en los hechos más fundamentales, cuando la gente acepta las mentiras como verdades? Una de nuestras columnistas de opinión, Anne Applebaum, escribió que ahora es posible “vivir en una realidad virtual” donde las mentiras “sean aclamadas y las verdades ocultadas”.

De todos los retos que tenemos que enfrentar, este es el mayor de ellos, y el más grave. Es más grave que nuestro reto financiero. Es mucho más grande que el reto tecnológico. Esa es una de las razones por las que nosotros como periodistas debemos permanecer fieles a nuestro principal propósito. Alguien debe seguir contando las cosas como de verdad son. Y nosotros no podemos ser timoratos en esta labor. A pesar de que se dice que los periodistas debemos ser justos en nuestras informaciones, y debemos serlo, la más alta de nuestras obligaciones es ser justos con el público. Cuando hayamos hecho todas nuestras búsquedas- cuando hayamos hecho nuestro trabajo a fondo, de forma honorable, de forma creíble- tenemos la obligación de contarle al público lo que hemos aprendido. Y contárselo de forma directa. Ningún poder- ningún poder institucional u otro individuo poderoso- debe tener el derecho de pararnos. Y nosotros no debemos parar por miedo, o miedo a la censura. Estos son tiempos para recordarnos a nosotros mismos lo que significa ser una persona libre; tiempos para pensar fuertemente qué se requiere de nosotros si queremos mantener nuestras libertades.

Uno de los jueces de mayor renombre de la Corte Suprema en los Estados Unidos, Louis Brandeis, en un conocido juicio que tuvo lugar en 1927, reflejó las creencias sobre la libertad llevada por aquellos que lucharon por la independencia de los Estados Unidos. Escribió lo siguiente: “Ellos creen en la libertad como secreto de la felicidad y en el corage como el secreto de la libertad”.

En muchas naciones, de distintas maneras, nuestras libertades se están viendo en peligro. Y entre las que están más en peligro está la libertad de expresión, que incluye la libertad de prensa.

Para aquellos de nosotros que trabajamos en los medios, y para todos aquellos que creemos que la libertad de expresión es la que da sentido y vida a nuestras democracias, la cualidad que ahora más necesitamos es el coraje.

Gracias por escucharme.

 

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